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133 Tres quintos (que no son tres reclutas) sino el banderillero en cuestión que, al rematar la suerte, se encuentra con que se le ha colado el bicho, y, sintiendo que le va á los alcances, salta la valla al trascuemo, sin ayuda de las manos, mientras el toro, dando una hocicada contra el tablero al producir el derrote, cae formando un escorzo, casi tan difícil de expresar como la contracción de ríñones del chulo al tomar el oUvo. Por si me objetaran ustedes que tbdos mis asuntos están tratados de perfil, voy á presentar un estudio de frente. Esta vez el argumento es sacro. Figura un altar con una imagen flanqueada de cuatro cirios, y es, para mi gusto, de lo mejorcito que hay en mi colección. Juzguen ustedes: rece despreciar el peligro con que le amenaza la vertiginosa carrera de una montura que, tendido el pescuezo, las manos encorvadas sobre los cascos y los remos traseros contraídos, devora la pista relinchando libertad y coleando independencia? Para concluir, porque la serie de mis demostraciones sería interminable: yo no sé si padezco una alucinación, pero opino que mi escuela es al dibujo lo que la de Wagner á la música: una revelación. Así que ustedes penetren en su esencia, no podrán ver bailar la gallegada en el teatro, sin que el paso en que el maruso, sacando la tripa, evita la agresión lumbar de su pareja, no se les represente ¿ustedes en la forma de un d ni pasar por una sacristía sin trazar mentalmente un Los ochos del denominador representan la sábana de encaje que cubre el frontal. La imagen, el más lerdo ve que es la de la Virgen de la O, y los cirios son las unidades. Pero lo más filosófico del apunte está en los ganchos de los unos, que, traduciendo las churretadas de la cera, derretida por la inclinación de la llama, indican que el viento sopla por la derecha del observador. Con lo enunciado basta para que ustedes se formen una idea del desarrollo de que es susceptible el procedimiento sin salir de la numeración y con sólo valerse de algún signo algebraico por vía de recurso complementario. Yo he llegado á tocar resultados de que verdaderamente me siento orgulloso; porque, en fin, á quien se le cuente que con el signo menor que, cuya representación es ésta y con un quebrado que tenga al ocho por numerador y seis mil seiscientos treinta y cinco por denominador, se puede representar á un artista ecuestre dando brincos sobre el caballo, no lo querrá creer; y sin embargo, aquí está la prueba: al ver á una señora en estado interesante encargándole al párroco una misa de circunstancias. En fin; el día que vayan ustedes á la plaza de Oriente, ya me dirán lo que opinan de este esbozo: Esa écuyere que, con los brazos arqueados sobre la cabeza y trenzando los pies, se eleva al espacio, ¿no pa- Eso figura un niño en cuclillas, otro con un globo de hidrógeno atado á un cordel, y las dos niñeras representadas por los dos ceros, á fin de demostrar que no sirven para nada. ¿Que qué son los dos unos que van detrás de las chachas? ¡Hombre, eso no se pregunta! Los dos unos son los soldados. ENRIQUE GASPAK