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124 que pasa por aquellos sitios sin detenerse, y se confunde con los temerosos mugidos del eral que mancha con su sangre la arena. Para la lección teórica, ó simulacro, lisase una cornamenta formada por dos astas fijas sobre una tabla, la cual empuña ó carga sobre su cabeza el discípulo á quien toca hacer de toro, papel que desempeña con toda gravedad, embistiendo, humillando ó echándose conforme á las indicaciones del maestro, el cual explica á los alumnos que le rodean el modo de ejecutar las distintas suertes. La lección práctica consiste en la lidia de dos becerros, sin varas; en ella abundan los revolcones, y cubren el redondel zapatillas, sombreros, cachuchas y tiras de percal. E n una de estas corridas, como el aprendiz de matador, que se había colocado ante lares desplegando el trapo y diciéndole: ¡Júu aquí está tu enemigo! la acribillase torpemente, sin acertará despacharla, le gritó uno de los socios pasivos: ¡Acaba, que por menos e dio yo á la carsel Decía Iglesias, ó quien fuera, que el autor no está bien averiguado en la comedia titulada El pleito del cuerno, que corre unida ala edición de 1848: Cuantos animales liay que al hombre son do proveclio, naturaleza los cria provistos todos do cuernos. De modo quo en todas partes con los cuernos va el provecho. Y si ese buscan los discípulos de la flamante Escuela sevillana de tauromaquia, por mí que lo encuentren, que eclipsen las glorias de Pepe- Hillo y Redondo, que reúnan los cuartos de Lagartijo y Frascuelo y pongan su Universidad sobre los cuernos de la luna; que, al fin y al cabo, en estos tiempos, para alcanzar nombradía, aplausos y dineros, preciso es ser cantante, matador de toros, ó cuando menos pelotari. JOSÉ DE DB GAECIA RAMOS) VELILLA