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EL DÚO DE LA AFRICANA EN VALDERREDANOS íío M muchos días, á mi regreso de ciertas aguas sulfurosas cuyo recuerdo todavía me sulfura, vime obligado á pasar por la villa de Valderredafios, y no teniendo otra cosa que hacer, ¿qué dirán ustedes que hice allí? Pues hice noche; y el secretario del Ayuntamiento, que había estudiado conmigo Derecho, -íQué? -Apañamos una función extraordinaria y le echamos unas cuantas piezas al forastero. Semejantes informes llenáronme de curiosidad, y fui á ver la función con el mayor entusiasmo del mundo y con el mayor majadero de Valderredafios. El culiseo, segiin lo llaman los indígenas, no es, como sucede en otros puntos, una cuadra, ni un pajar, ni un desván; nada de eso. Es el matadero municipal. Bn su recinto se degüella por la tarde á las reses necesarias para surtir aquel pueblo y tres más, y por la noche se hace lo propio con las obras dramáticas más en boga. Imagínense ustedes los aromas que despedirá el teatro. Allí no se respira más que sangre y exterminio. Antes de penetrar en el edificio, leí el cartel de la función, que decía así: Gran Culiseo de Balderredanos FüBcion pa el día hocho á las lioctio l. Sinfonía á toa orcesta pa plano solo. 2 El dracma sacro en hun apto y emberso, inbentao por el Sr. de Lechecaray y puesto en solfa por don manuel Fernandez (a) el Cavayero, EL DÚO DE LAFRICANA por las señoras Paca, Bruna y matea, y los señores Cosme, Piocho, García, Zencerrin y otros. 3. El sainóte en tres aptos de los señores Dumas (higo) y Celso Lucio, tltnlao ENTRE BOBOS HANDA EL JUEGO por las partes prencipales. pero que luego so había torcido hasta dar con sus huesos en Valderredafios, me convidó á cenar, y me dijo cuando tomábamos lo que él llamaba café y á mí me parecía flor de malva: -Dentro de media hora vas á venir conmigo á ver AV diw de la Africana. ¡Si me lo sé de memoria! -Pero en ninguna parte lo harán como en este pueblo. -No lo dudo. ¿Hay aquí alguna compañía de la legua? Ya quisiéramos que la hubiese, aunque no f aera más que del kilómetro! Pero aquí no tenemos más recurso que echarnos piezas los unos á los otros. ¿Cómo? -Que unas veces trabajamos el juez, la maestra y yo para que nos vean el alcalde, su familia y el sacristán, y otras veces trabajan éstos para que nosotros los veamos. Y así que olemos la Jlegada de alguno de Madrid, jzás! El sacristán se liará con el plano en los entreaptos prezio del biyete: 6 perros con silla NOTA. La entrada de las señoras es por la pnerta del zentro. La de los cabayeros por la puerta de hescape. Entramos en la sala, tomé asiento en una silla que aún conservaba dos ó tres patas y su miaja de respaldo, y no tardó en comenzar lo que llamaban Dúo de la Africana los valderredañenses. El primer cuadro de la obra pasó sin grandes incidentes. Sólo me llamaron la atención tres cosas: Que el maestro de coros no salió á escena, gracias á un cólico repentino de castañas pilongas. Que el inspector que figura en la zarzuela fué suprimido de