Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
115 chando el éxito de Sun Franco de Sena, de proponer la coronación del maestro, idea que fué aceptada unánimemente y se llevó á cabo con inusitado esplendor. Por suscripción se construyó una soberbia corona de oro, que le fué entregada en la citada noche en medio de una verdadera apoteosis. El claustro de profesores del Conservatorio le regaló una preciosa pluma de oro y brillantes, que el maestro recibió en el escenario, cubierto de coronas y de flores. Y la Asociación de Autores dramáticos, empresaria á la sazón del teatro de Apolo, ofrecióle artística plancha de plata, en la cual Marcos Zapata escribió un soneto sentidísimo. Diéronle además banquetes, fué el hombre del día, la prensa lo enalteció, el público lo aclamó con férvido entusiasmo, y el autor de Marina gozó entonces de cuantos halagos puede prodigar á un artista nuestra sensibilidad meridional. ¡Merecido galardón al músico que había aportado al arte patrio un rico contingente y hecho vibrar la nota original y delicada de su genio! ¡Qué decir de Emilio Arrieta! Fué, con Barbieri y Gaztambide, el arbitro de los destinos del arte nacional en aquellos venturosos tiempos en que lo español se impuso y venció á lo italiano, en aquellos tiempos en que la música tenía un valor intrínseco y brillaba por sí, sin pedir menguado auxilio á las contorsiones de la prosodia ni á las payasadas del texto literario. Trabajó con fruto y enalteció un género que vive aún y vivirá á despecho de malsanas exudaciones. ¡Y ha muerto á los setenta y un años de edad, triste, abandonado por la inmensa mayoría de sus amigos, que se vieron precisados á tomar tal determinación obligados por circunstancias sobre las cuales hay que echar un velo! Entre la coronación de Arrieta en Apolo en la noche del 5 de Diciembre de 1883, y su entierro, media un abismo. Todo Madrid se desvivió por honrar al artista; una insignificante minoría de amigos acompañamos al hombre. La vida es un cuento insensato, un cuento contado por un idiota ha dicho Shakspeare. Termino estas líneas con el soneto de Zapata que he citado antes: La nación á que sirves tú de gala, y de que eres ornamento y gloria, hoy te envía esa noble ejecutoria para igualarte con el gran Ayala. Ciñe tu sien y acepta el testimonio, y nunca olvides que en el alto cielo te reserva Ádelardo su Consuelo par darla á San, Franco en matrimonio. Hay que esperar que, á estas horas. Dios habrá concedido á Arrieta la dicha de asistir á esas bodas ideales. ANTONIO PEÑA Y GOÑI