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LA CASTAÑERA Apenas tiende el otoño sus alfombras de hojas secas, cuando de noclie aparece la popular castañera. Del frió y cruel invierno heraldo y pregón es ella, anunciando sus calientes castañas en las tabernas. Ante el hornillo, á quien pasa vigila activa en la puerta, alli, mostrando por faro su humosa y triste linterna. En el asador redondo el rubio fruto se tuesta, cantando olorosa copla por los labios de sus grietas. 3 II Ksta noche, su estribillo Castañas ricas y tiernas tiene un son de voz cascada, de voz que rasgó la pena. liOS harapos que la visten dan fe de su gran miseria; las arrugas de su rostro certifican que es ya vieja. Y contrasta con su ceño, trazado por la tristeza, el himno alegre y ruidoso de las castaBas que truenan. Pero, bajo el torvo aspecto, sensible un alma se encierra. como blanda eatraña un árbol guarda tras ruda corteza. Ir. III Hoy, su dulce mercancía fué expedida á la carrera entre sonrisas fugaces y lágrimas indiscretas. A cada niño que cruza lo llama en tono de abuela, y, gozosa, de castañas le colma las faltriqueras. El contento, en los rapaces también colmado se ostenta, y por las calles brincando el mundo ponen de fiesta. Y cuando después, dormidog, con mágicos cuentos sueñan, se imaginan que fué un hada la rumbosa castañera. IV De su casa va camino aquella mujer tan buena, y sus pies, antes pesados, alas parece que llevan. Ks que un ser que de su vida es alma, es luz, es esencia, por la enfermedad postrado, la traidora muerte espera. ¿Cómo está Inesita? dice al entrar en su vivienda. ¡Se aalvól el doctor exclama. Mas, gracias á mis recetas. -Y también, lá vieja añade, á que, en nombre de mi nieta, felices hice esta noche á cien ángeles cual ella. JOSÉ DE S I L E S (DlBCJO DE ESCUDÉ) M