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lio Despertó Rosario, y al contemplarse en el espejo, exhaló nn grito de asombro. I Sobre el negro fondo de sus cabellos, el blanco velo de sus sueños de felicidad! Poco tiempo después era dichosa, Tiene, esta leyenda una segunda parte muy triste, porque en el mundo no se repite nunca la alegría. Pasados algunos años y sufridas grandes amarguras, otro amanecer encontró á Rosario junto al lecho en que acababa de expirar su esposo. Reclinó la infeliz su cabeza ya completamente encanecida, y la tristeza y el cansancio cerraron sus ojos. Recordó, como en una pesadilla, todos los grandes infortunios de su existencia, y como exudación de esos desgarradores pensamientos fue- ron marcándose sobre sus cabellos blancos sutiles hebras negras que se retorcían á poco de nacer y luego se bascaban entrecruzándose y espesando su trama. Al despertar Rosario vióse en el espejo, y una amarga sonrisa plegó sus labios. jSobre el fondo blanco de sus cabeUos el velo negro de sus amarguras y de sus tristezas! Poco tiempo después la separaban para siempre del inanimado cuerpo de aquél á quien tanto había querido. Haga Dios que tu blanco velo de desposada no se trueque jamás en negra toca de viudez, y haga Dios que tus negros cibelloB, que tienen el brillo de la juventud, no blanqueen jamás! JOSÉ DE R O U R E (DIBUJOS DE HUERTAS)