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Y apenas reclinó la caleisa, se quedó dormida. Dormía; soñaba. Todos sus inocentes recuerdos de la niñez, todas las ragas esperanzas de su juventud, todas las alegrías de su carino iban pasando por su imaginación con la rapidez de los sueños y con la lucidez que acompaña á las imágenes que éstos evocan; y como exudación de aquellos recuerdos de inocencia y d esas ideas de felicidad, fueron marcándose sobre sus cabellos negros sutiles hebras blancas que se retorcían á poco de nacer y luego se buscaban entrecruzándose y espesando su trama como nieve que cuaja. Así, y de aquella evaporación de sueños, fué formándose EObre la cabeza de Kosarío un blanco velo de encaje tejido con pensamientos de felicidad, casi impalpable como obra de deseos y esperanzas, blanco como nacido de inocencia, sedoso como formado de anhelos de caricia?