Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Paiecia arrancada de un cuento de l s Mil y una noches la descripción de tu trousseau de boda. jCuántas habrían envidiado tu felicidad sabiendo que tus sueños amorosos iban á convertirse en realidades I Pero cuántas más envidiarían los mil y mil riquísimos presentes que te acompañaban al país de la dicha, á ese encantado reino del amor legítimo del cual no se vuelve sino muerto ó acompañando al cadáver de la persona amada! Hubo en la que todavía era tu casa, y en aquellas habitaciones donde se respiraba aún el perfume de tus sueños de soltera, fastuosa exposición de las riquezas que constituían el brillante equipaje de tu felicidad; todas tus esperanzas, todos tus deseos, toda la fe en el cariño del hombre á quien ibas á pertenecer para siempre, se habían como infiltrado en las piedras preciosas combinadas por mano del artífice para servir de gala á tu persona, y eran de ver los resplandores que desde ellas despedían tus esperanzas, tus promesas y tus deseos! ¿Qué valdría un brillante si no se pareciera su deslumbrador destello á la mirada de unos hermosos ojos? ¿Para qué hubiera Dios cristalizado el rubí, si su rojo de sangre no nos recordara el color de los labios á los cuales robamos un beso? Todas las piedras preciosas valen más por lo que recuerdan que por lo que son en sí; algo femenino palpita siempre en ellas, y mira si serán obras perfectas de Dios, que reúnen lo más extremo, lo más opuesto que hay en la tierra: la inconstancia de la luz, aprisionada en la dureza de la piedra; el resplandor fugaz del cariño de una mujer, en la inrompible prisión de una cárcel de cristales! Admirando los múltiples y riquísimos objetos de tu trousseau, y leyendo en cada uno de ellos ese risueño episodio del cariño que es la única forma soportable de la vida, como el azul es el único color bonancible del cielo, llegué con mi admiración y mis pensamientos ante el blanquísimo velo de encaje que había de ceñir tu frente en aquel instante feliz y supremo en que tuvieras á Dios sonriéndote enfrente y un si en tus labios. Sobre el rojizo fondo del mueble en que estaba artísticamente colocado, se destacaba la purísima blancura de su trama. Parecía que un vientecillo juguetón había pasado por un campo de vilanos, robándoles sus blancas é impalpables hebreoillas, para dejarlas caer luego, entrecruzadas y formando caprichosos arabescos, sobre otro campo rojo de amapolas. iSTo era obra tan delicada ni aun de manos femeninas; aquel velo de encaje, que valía una fortuna, era la cifra; exacta de la imposibilidad humana; todo parecía demasiado áspero y grosero para tan sutil trabajo. Sólo las manos de una hada pudieran haberlo realizado cogiendo espuma de los arroyos, cerniéndola en el aire y cristalizándola en el preciso momento en que su trabazón casi aérea iba á disgregarse por completo. Contemplándolo absorto, y pensando en tu felicidad, recordé la leyenda del encaje. Ya que nada añadí á las riquezas de tu trousseau, estoy dispuesto á contarte esa leyenda. Los que vivimos traduciendo al lenguaje de las vigilias las imaginaciones de los sueños, no podemos ofrecer ricos presentes que tengan un valor material en el comercio de los hombres. Escribimos lo soñado, y ¡felices si alguna vez logramos que una mujer hermosa sueñe lo que hemos escrito! ¡Cuánta era su alegría! ¡Iba á casarse! La estrechez de su vida no cambiaba; pobre era y pobre seguiría siendo; pero la felicidad, que á manos llenas derrama el cariño, caerla sobre ella como una espesa lluvia de besos y caricias. Se estremeció al pensarlo, y luego dijo: -Es tarde, es tarde; acabemos el traje de boda. Sus diminutas manos iban con febril actividad llenando de puntadas la blanca tela de su traje nupcial, y cada vez que la aguja señalaba un nuevo avance en la difícil obra ¿sonaban más aprisa los latidos de su corazón. ¡Qué tonta soy! exclamó. Mi corazón va más deprisa que la agujal Después se quedó mirando como en éxtasis un punto vago del espacio, y pensó: ¿Será porque le quiero mucho? Ya por las rendijas de la ventana entraba la claridad del dia desperezándose, y el pájaro que la feliz Rosario tenía prisionero en una jaula esponjó sus plumas, y alzando coquetuelamente la cabeza, preguntó cantando: ¿Conque hoy es el gran día? -Sí, hoy es el gran día; podrán faltar tres horas todo lo más... Ya está el traje de boda acabado. ¡Qué hermoso amanecer 1 Después, con encantadora impaciencia, se vistió Eosario sua recién terminadas galas nupciales, y tras un largo rato de muda contemplación ante el espejo, se preguntó: -Y ahora, ¿qué haría yo para distraer mis impaciencias? Siento un peso en los párpado ¡He trabajado tanto esta nochel Si pudiera dormir un par de horas pensando en lo feliz que voy á ser