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107 Porque, por lo visto, los santones son como las ostras; van cargados con su casa. Tampoco faltaban vendedores de agua. Estos industriales zadas, vendían gallinas, dulces y otros excesos. Pero qué mujeres I Bien dicen, que la maiwlia de la mora con otra verde ne quita, porque lo que toquen aquellas sus maaos, difícilmente saldrá á fuerza de greda. Las moras bonitas tengo para mí que anidan sólo en el cerebro de los poetas, y que de allí no salen así les den m %l é. Por eso no las ve nadie. Llegué ante un edificio de extraña construcción, donde me detuvo un morazo barbudo, exclamando: -Ven, que voy á llevarte á usté la cárcel. ¡Gracias; otra vez serál- -Pues mire, es aquella; cuando querer verla pregunte por mí. Conque yo ser soldado. Pues dame para café. Las calles están alumbradas por el sistema antiguo, vamos por la luna. El café es muy espacioso, ¡vayal Cuenta, lo menos, con tres metros cuadrados de superficie, esterados palmo á palmo. se parecen mucho á los presidentes de nuestras Cámaras populares, porque siempre están agitando la campanilla. Ni el fascinador de serpientes, gozo de chiquillos, jugando con sus reptiles y engullendo paja al dulce son de dos panderos roncos que ejecutaban tierna melodía. Por cierto que aquel hombre me dejó frió. ¡Se parecía tanto á Mortt! Ese es D. Segismundo, que no me lo nieguenl grité, sin poderme contener; se ha quitado el bigote para que su fiíonomía tenga más sabor de actualidad pero no me la pega. -Se llama Hajmed, me dijeron, y jamás ha sido Segismundo; 8 Ímpre ha sido encantador. -Es que también lo es Aíoret. Encantador, precioso y florido como Mayo. Mendigos llagados, haraposos y pestilentes, pululaban por doquier, y (por finí vi moras descubiertas. Con las piernas cru- Allí se expende de todo; té verde, café sin colar, café sin colar y té verde, ó ambas cosas si se desean. Los concurrentes gozan de los acordes que una docena de moros artistas les prodiga, formando círculo para que no se fuguen las notas, y lanzando al aire enrarecido sus voces y las de las guzlas, cítaras y panderos, que manejan á trompazo limpio. Sus canturías tratan de amores, del alcuzcii í, de potros, de palmeras y de la mar sala. Las composiciones musicales que ejecutan constan de una sola parte, veinte veces repetida en idéntico tono. Es cosa variadísima; a l g o a s í como lo que cantan las ñiflas de España cuando juegan al corro; A la liinón, á la limón, que se lia roto la fuente. De noche apenas transita gente por ningún lado. Be vez en cuando se ve alguna judía 1 pelando la pava con su doncel, á estilo andaluz, ó sombras con turbante y jaique tendidas en cualquier lado. Son moros ó judíos que filosofan ó duermen la mona. Hay cosas que se adivinan; otras se huelen. Marrakesh es de estas últimas. Y por cierto no huele á rosas. lur. io VÍCTOR, TOME Y (DrniiJOS nn MECAOITIR)