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NOVELAS RELÁMPAGOS LA PULSERA Y LA MANO I- -Nada, ni una carta, ni el más leve indicio de su infidelidad. Sus estuches, sus perfumadores, sus guií ualdas de tela. Un mueble de secretos que no encierra ninguno. ¡Dios mío! ¿Si serán mis sospechas alucinaciones de mis celos? En cuanto veo á ese hombre, me pasa una nube de sangre por los ojos. ¡Pero no, no, por desgracia! La mirada rápida que ayer sorprendí entre ambos no deja lugar á duda. Se adivinaba en ella lina, inteligencia mutua; se entendían. Fué un relámpago que estalló á su pesar. ¡Infames! ¡Una prueba, yo necesito ima prueba! He aquí la s T 4.5 affiSt I H B W S S pulsera que la regaló el miserable la noche de su beneficio. ¡Si esta joya hablara! ¡Quizás ella conoce el terrible secreto! El aro liso, sin ninguna inscripción, sin ninguna fecha, con sus tres solitarios brillantes ¡Cómo! ¡Una tarjeta bajo el terciopelo del estuche! El conde del Eizo. ¡El, Dios santo! ¡Lo que yo buscaba! ¡Y ahora que lo encuentro, me aterra el haberlo hallado! ¿Qué ha escrito aquí con lápiz? Á mi Flora. 24 de Mayo. Justo; esta tarjeta debió de acompañar al regalo. ¡A su Flora! ¡Y ella ha recibido la pulsera, la ha aceptado, no le ha dicho que es mía, que lleva mi nombre, que yo la saqué de la miseria, que gracias al pobre acróbata de circo no se ha muerto de hambre en la puerta de una casa! ¡Ah, malvada! ¡Todo era mentira, su amor, sus juramentos! ¡Sólo es verdad su infamia, su ingratitud! Pero yo sabré vengarme, yo castigaré su traición, y la descargaré todo mi odio como me hiere á mi: ¡desde la sombra!