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M Los maceaos agarrarán una punta de la dalmática y la enseñarán al orador. Los diputados harán lo mismo con el pañuelo del bolsillo. Pero no hay remedio. Tijeretas han de ser; y quien dice tijeretas, dice recortes de la prensa española de Octubre, Noviembre y Diciembre. Fortuna que el abrirse las Cortes va para largo. Todo depende, según se dice, de la vuelta de la embajada. Pero después que vuelva queda lo más grave. Las agujetas que traerá. Fumar ó no fumar; esta es la cuestión planteada en el interior de los tranvías. -Algún concejal enemigo de la Tabacalera, ó cualquier teniente de alcalde á quien molesta el humo, nos han traído este conflicto, el conflicto de los humos de Madrid, mil veces más grave que aquel antiguo de los humos de Huelva. Quizás corresponda el tanto de culpa á la Compañía arrendataria, porque es lo cierto que la orden. prohibitiva ha coinf idido con la nueva elaboración de cigarros de 15 céntimos, unos es- feroides sospechosos que parecen ocarinas á primera vista. -Caballero, dice el cobrador, aquí no se puede fumar. -Ya lo veo, responde el viajero, chupando infructuosamente. -Es que debe usted tirar el cigarro. -Ya tiro, pero no siorue. -Acabemos: ¿se hafijado usted en elcartelito? -Sí, señor, pero no reza conmigo. -Usted dirá. -Yo no soy fumador de cartel. El servicio de tranvías exigía, á la verdad, multitud de reformas, pero nadie pensó que iba á empezarse por la del humo. Bueno es empezar, sin embargo, porque á esa innovación seguirá indudablemente el cierre de las portezuelas posteriores, la urbanidad de conductores y mayorales, la conclusión de los atropellos, el paso moderado de los encuartes, etc. etc. Si así lo hace la autoridad municipal, no hemos de regatearle elogios, y empuñaremos el incensario en honor de ella. Es decir, el incensario no, porque eso sería echar humo sobre quien es tan enemigo de él. Lo esencial ahora es armonizar el arraigado vicio del cigarro con la necesidad de ir en tranvía. Bueno que haya tranvías sin humo (como las cerillas de clase superior) pero también debe haberlos para la respetable clase de los fumadores, aunque nosotros paguemos del propio bolsillo cuantas chimeneas acodadas, rectas ó curvas hagan falta para dar salida á la humareda. Indudablemente pasará el rigor de los primeros días, y la autoridad municipal, así como sus dependientes, comprenderán que está muy feo ejercer de colilleros oficiales apagando y recogiendo cigarros por ahí. Empecemos á mirar sin desconfianza el blanco é inofensivo cartelito de los Irán vías. Y aguardemos á que se aculóte con la paciencia y calma que debe tener todo fumador. LUIS E O Y O I DIBUJOS DE CILLA) VILLANOVA