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había salvado á nado á uno de los náufragos, y apareció ante el oficial un joven marinero, exclamando: -Presente, señor oficial. El oficial puso en el pecho del joven una medalla de honor de la Sociedad de Salvamento deííáufragos; el joven fué aclamado por la tripulación. Poco después, en la cámara del buque, el heroico marinero prestaba sus cuidados á uno de los náufragos, al capitán de la goleta, al que había intentado suicidarse arrojándose á la mar, al mismo que el pobre marinero había salvado. -Mi capitán, le dijo, ¿se siente usted mejor? -Sí, contestó con sequedad. Y ¿cómo te hallas tú aquí? añadió, mirando al marinero, rjconociéudole y ai. iretándole fuertemente la mano. ¡Cosas de Dios, mi capitán! Tengo plaza á bordo. JosÉ ZAHOlSrERO (DIBUJOS DE MARTÍNEZ ABADES)