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Cumplió con su deber; en todas partes condiíjose cual bueno, y ¡es claro! llegó un día en que á la gloria voló en busca de premio. Un mes hará lo más ¡Con qué dulzura le recibió San Pedro, y qué fino mostróse al suplicarle que expusiera sus méritos! -Cumplí, señor, de Dios y de la Iglesia los santos mandamientos. ¿Nada más? ¿Quizá es poco? -No es bastante para entrar en el cielo. ¡Señor! ¿No sabes, hijo, que el que aspira á gozar de este reino tener el alma debe limpia, pura, sin sombra de defectos? -Pues asi está la mía. -Acaso, acaso; pero ¡ay! tan raro es eso, tan pocas de esas almas caen en libra, que casi no te creo. Voy á ver, voy á ver si en el Kegistro ¿Te llamas? -Juan del Pueblo. ¿Naciste? -Hace lo menos cuarenta años. ¿En dónde? -Junto al Ebro. ¡Ah, vamos! ¿Es decir, que eres entonces. -Español puro y neto. ¡Excuso saber más! Te pertenece la gloria de derecho; que el candor, la humildad, la mansedumbre y el santo sufrimiento de que habéis, junto al Eiff, al mundo dado tan heroico ejemplo, virtudes son tan grandes y sublimes, que borran los defectos. Pasa, pues, hijo mío, cuando gustes á gozar del Eterno. Voló regocijado á prosternarse ante el Eey de los Cielos, y, á poco, escuchar pudo de sus labios: Pues te envió San Pedro, no es cosa de que Yo, aunque lo merece, le vaya á dejar feo; mas no juzgo como él, tenlo entendido, la cuestión de Marruecos. Las que él llama virtudes, son simplezas. y aun algo peor que eso. La virtud no es virtud si está reñida con el honor de un pueblo. Merecíais, por tanto, tú y los tuyos, ya que no á los infiernos, ir al limbo á parar, por inocentes y demasiado crédulos. JULIO K O M E E O GARMENDIA