Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
47 Y pa? aron dos meses. Y llegaron las vísperas de San Francisco. L a mujer y los chicos del difunto salían todas las mañanas al camino, y poniéndose en lo más alto de una peña, miraban con ojos ávidos el confín del horizonte. A cada polvareda que veían gritaban: ¡Y a viene, aquél es! P e r o quien venía era la m á s fría desilusión, traída por otros caminantes que no daban noticia del murguista. Y pasó San Francisco, y llegó Santa Teresa, y aquellos pobrecillos seguían atalayando desde la cima de la peña, engañándose cien veces y albergando en su corazón la n u n c a extinta y dulce esperanza. Y como no conocían á los compañeros del músico, ni sabían de dónde eran, andaban los chicos p r e guntando á bulto en todas partes, sin que nadie les diese noticia alguna. Y entretanto la madre, subida en lo alto de la roca que le servia de plinto, parecía la imagen de la esperanza, puesta allí por Dios para alcanzar el culto de las gentes sensibles; la infortunada viuda no quitaha ojo del confuso límite del camino; sólo algunas veces dirigía la dolorosa mirada á u a riaconcico del valle, don le entre una docena de castaños albergábase la ermita venerable; aquella mirada era la quinta esencia de todas las ternuras femeniles; y parecía decir: ¡A y Virgenciea del Castañar! ¿Volverá? ÁLVAKO L (DIBUJOS DK M Í N D E Z BEIKGA) NÜÑEZ NOCTUKNO MADRILEÑO P O E GASCÓN -Una limosna, caballero. -Hombre, por Dios, estas no son horas de pedir. -De lo que no son horas es de negar.