Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
UN CABALLO ÁRABE McSlTA D I B U J O D E DON M A R C E L I N O D E TTÍCETA Nuestro ilustre colaborador DOS ha favorecido con un caballo de los que sólo salen de su admirable paleta. No sólo los árabes arreos tendidos en tierra, sino la estampa del animal, denuncian su origen y su raza. XJnceta parece haberse inspirado en las líneas siguientes, escritai por Amicis para pintar los eorcelps africanos: Son todos de corta alzada; tanto, que al volver á Europa con la vista acostumbrada á sus formas, los caballos europeos, aun los de mediana alzada, me parecieron enorme Tienen el ojo vivo, la frente un poco aplanada, las narices muy abierta los hues s oigomáticos muy salientes; la cabeza es en casi todos bellísima, la canilla y xa tibia un poco curvas, lo cual les da una elast cidad especial en sus movimientos; la grupa huye, por decirlo así, dp debajo dé la silla, cuya condición los hace roas á propósito para el galope que para el trote; y en verdad, no recuerdo haber visto trotar nunca á un caballo marroquí. Si se les ve cuando descansan ó cuando van al paso, aun los más hermosos no llaman la atención; pero lanzados á la carrera se transfiguran y son soberbios animales. Aunque se alimentan h nre menos que los nuestros y están enjaezados de un modo más pesado, soportan mejor la fatiga. También el modo de cauaigar es muy diferente: los estribos están muy altos; el jinete está en la silla con las piernas replegadas casi en ángulo recto, tiene las riendas largas, y dirige el caballo con larguísimos movimientos. La silla tiene las dos prominencias que nosotros llamamos en términos técnicos el pomo y la paleta, tan altos, que llegan al pecho y á la espalda del jinete y lo sostionen de modo que se hace muy difícil la caída. Se cuentan cosas admirables del amor que el árabe profesa al caballo, el animal predilecto del Profeta; se dice que lo considera como un ser sagrado; que todas las mañanas, al salir (X sol, le pone la mano derecha sobre la cahrza, murmurando ¡Bumillali! (en nombre de Dios) y después se besa la mano, que cree santificada por aquel contacto.