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A OCHO DÍAS VISTA Alarmas diplomáticas. -El gran cobrador. -Humores de África. Los dineros del Sultán- -Quiénes han de formar el séquito del embajador. -El nuevo reloj de Tánger y el viejo reloj de Pamplona. La Redacción de BL. Keo T NEGRO después de las últimas nevadas. -Un barrizal y varias reflexiones. El comienzo de nuestras negociaciones diplomáticas con Marruecos no ha podido ser más alarmante. -Ya no va Martínez Campos, dijeron algunos periódicos. ¿Qué es eso? preguntaron otros; ¿le han dado mulé Hassan? -No señor, es que se trata de una cuestión de cuartos, y no parece bien que ejerza de humilde cobrador un capitán general de Ejército. Después se afirmó que los rifeños preparaban otra embajada ue llegaría á Madrid de un momento á otro, quizás para los ¡arnavales, con objeto de que el moro de Ferreras les sirviese de intérprete. Ante esta noticia, el público no pudo menos de salirse por peteneras: Embajadas españolas y otras que del RifE saldrán, si en el camino se encuentran, ¡qué de cosas se dirán! Después corrió otro rumor más grave. Que el Sultán se negaría á recibir á nuestro embajador. El público volvió á alarmarse, aunque, esta vez sin fundamento, á mi juicio. Porque nadie pide que el Sultán reciba. Sino que dé. Y si es verdad que el Sherif ha regresado de su amenísimo viaje de cobranza, ¿qué inconveniente ha de tener en darnos con una mano lo que acaba de sacar con la otra de sus amables subditos? Treinta y cinco millones (si es ésta la cifra en que se fija la indemnización) realmente parecerán mucho dinero al hijo de Mahoma, como le parecerían al hijo de mi madre; mas aparte de que al fin y al cabo ha de venir el tío Mohamed Torres con la rebaja, ¿para qué quiere el Sheriff esos tesoros que guarda en Tánger, según dicen, y hasta su harem imperial? Y saco á relucir el harem, porque si el asunto se llevase al sufragio universal, la mayoría de los españoles preferirían á una probable irrupción de ochavos morunos un nuevo tributo de las cien doncellas. Es triste descender á estos detalles, mas creo que el general Martínez Campos, antes que en el problema marroquí, debe fijarse en la moneda. Por lo cual me parece divinamente que no acompañen al embajador sabios, artistas, escritores y demás séquito ilustre que algunos periódicos echan de menos, gente por lo general poco ducha y experimentada en cosas de monises. Mejor papel que todos los sabios del mundo harían junto al general Martínez Campos media docena de cobradores del Banco, un par de estanqueros, varios recaudadores jubilados y demás personas habituadas á sonar metálico. Si se tratase de contar historias, estarían muy bien los escritores. Pero se trata de contar dinero, y para eso sí que no ha nacido ningún escritor. Toda nuestra escama será poca en esta nueva fase de la cuestión, porque jno cabe duda! si la política marroquí es falsa, ¿no ha de ser más falso su dinero? Nada de admitir ochavos morunos, que no podrían circular en el mercado español, dado el sistema decimal corriente. Pagúese la contribución en oro, y el que venga detrás, ¡que acuñe! Y no olvide, sobre todo el general Martínez Campos, que en Tánger acaban de celebrarse grandes fiestas con motivo de la inauguración de un reloj de torre (sin Mohamed)