Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA RELIQUIA (CUENTO DE REYES) Cuando el ministro firmó el real decreto nombrando á D. Juan Kchaudy fiscal de la Audiencia de Puerto Rico, hizo al magistrado de este nombre el más feliz de los mortales. Echaudy se había quedado viudo á los dos años de matrimonio, de un matrimonio por amor, á la antigua usanza un matiimonio al que la novia no aportó más dote que la belleza de unos hermosos ojos, reflejo de un alma virtuosísima. El golpe fué cruel. No se cortan impunemente, y sobre todo de manera tan brusca como le ocurrió á Echaudy, lazos apenas atados del cariño más grande que existe en la tierra. Buen cristiano y corazón entero, Echaudy soportó el golpe con admirable resignación, y al quedarse sin Consuelo (así se llamaba su esposa) se acogió á la esperanza, es decir, se refugió en el amor de su hija, una preciosa niña á quien un día de incomparable júbilo bautizaron con el bonito nombre de Esperanza. La resignación ejemplar, admirable, impropia podría decirse, de la edad de Echaudy (que era aún muy joven) no excluyó la amargura íntima, profunda, que le embargaba de continuo, y la vida en Madrid llegó á hacérsele insoportable, y puso en juego todas sus influencias, todos los resortes necesarios para conseguir un pase á Ultramar, lo más lejos posible. La casa en que tan feliz había sido f K S m t Bl S BS K le aplastaba bajo el peso de los re- cuerdos; la calle, los paseos, sus relaciones, que eran numerosas, abrían á diario una herida que el tiempo, por otra parte, no llevaba trazas de cicatrizar. Y sólo cuando su hija le echaba los brazos al cuello y le acariciaba con la mirada y con la voz, sólo en esos momentos, que no abundaban porque había buscado en un trabajo frenético, irreflexivo, casi brutal, lenitivo á sus penas, sólo entonces se dibujaba en sus labios una sonrisa y devolvía centuplicadas las caricias á su Esperanza. ¡Su, Esperanzal Él, que ya había realizado la más ambicionada, sometíase á volver á empezar á volver á tenerla Y allí estaba junto á él. pcqtmia como cumple á todo lo que nace, sujeta á mil contingencias, esclava de cien peligros; allí estaba sintetizada en su hija, dicisadole: No te abandones, ten fe, vive para esa niña. A lo que él solía contestarse. Para ella todo; que no llore nunca, que nunca sienta ninguna pena mi Esperanza. Dos años iban pasados desde la fe: ha de la catástrofe de aquel hogar venturoso, y aún no había podido realizar Echaudy