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-Por una chica que no necesitaba del gordo para ser agraciada, y muy agraciada. -Déjese usté de músicas. -Bueno, pues te he tomado por una sirvienta. ¿Sirvienta yo, y me han caído seis mil duros? -Perdona si te he ofendido. -Está usté perdonan; pero ha de saber usté que ya no sirvo, y que voy á abrir una tienda. ¿Una tienda? Pues nada, tienes que darme el retrato; ahora necesitas que te conozca mucha gente. ¿Pa qué? -Para que todo el que te conozca te compre. Mas ni mi actividad, ni mi galantería, ni mi buen deseo sirvieron de nada. En rigor de verdad, poco me importa el mal éxito de mis gestiones. Si el placer es egoísta, como antes dije, el público prefiere conocer una catástrofe en todos sus detalles, á asistir como mero espectador á la alegría ajena. Si damos en temblar ante el peligro de los anarquistas, ¡aviados estamos! Por lo mismo que son gente audaz y poderosa, según dicen, no debemos privarnos de ir á parte alguna, porque pudiendo ponernos una bomba lo mismo en la mesilla de noche que en el antepalco del Real no estaremos más seguros porque estemos más encerrados. Pecho al agua, y á quien el anarquismo se la dé, el gobernador civil se Ja bendiga. El peligro es inevitable, pues, según parece, no hay nada más fácil que la fabricación de un explosivo. Toma usted un terrón de azúcar, lo empapa usted en ácido piroxálico, lo encierra usted en una caja de betún, y como la caja choque contra el suelo, viene la explosión sin necesidad de espoleta. Se toma una ensaladera, se corta la lechuga, se la adereza con vinagre, aceite y sal misteriosa, se deja la ensaladera al sereno (ó á cualquiera otra autoridad nocturna) y como caiga á la calle, de seguro que hay una desgracia. Sobre todo, si pasa alguien por debajo. Cualquiera substancia porosa empapada en un líquido sospechoso puede convertirse en un explosivo formidable. Lo esencial es la percusión, y esto es lo que debemos evitar á todo trance. Nada de dejar caer el tenedor de golpe, ni de accionar con el paraguas, ni de aporrear la mesa con el puño. El tenedor, el mango del paraguas y el puño humano pueden ser bombas disimuladas y explosivos á largo plazo. -Un golpe determina siempre una voladura, decían en un casino la otra tarde. ¿Será posible? -Es segurísimo; anoche quise darle tres golpes á un duro; pues bien, al primero- ¿Qué? -Volaron los veinte reales. Evitemos los choques, las caídas y los rozamientos. Si encontramos cerrada la puerta de casa, nada de golpear con el aldabón. IJn aldabonazo puede traer consecuencias fatales en los tiempos que corren. El anarquismo tiene predilección especial por eso. Por las buenas aldabas. LUIS (DiBCJOS DE CILLA) ROYO VILLANOVA