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Á OCHO DÍAS VISTA ¡Maldita sea mí suerte! -Yo en Zaragoza. -Nadie es profeta (ni repórter) en su patria. Efectos de la alegría y efectos del dolor. -Huida de los premiados, -Una frase de Mantegazza. -Mi intervietv con una baturra. Reñexiones. Pecho al agua. -Tin poco de química anarquista. -Nada de percusiones. -Evitemos los aldabonazos. ¡Malhaya mi suerte, y malhaya para siempre el dinero I Aprovechando mi estancia en Zaragoza, pensé ilustrar la crónica presente con los retratos de los favorecidos con el premio gordo, y creí que la alegría de los premiados me daría motivo más que suficiente para escribir media docena de cuartillas. ¡Engañado pensamiento y funesta creencia! Cuando ocurre una desgracia, una calamidad, un desastre cualquiera privado ó público, el periodista encuentra de par en par las puertas del hogar desafortunado; cuando impera la alegría, toda visita es molesta y todo huésped es mirado con prevención. El dolor deja huella eterna; el placer viene suave, ligero, sin dar señales de su paso. Tales consideraciones me hacía yo la otra tarde en medio del arco de Cineja. -Ya ves, le decía á un amigo, parece que aquí no ha ocurrido nada. Si en vez del gordo cae aquí una bomba de dinamita; si en lugar de tocarle á esta gente doce millones les quitan dos pesetas del cajón, ¡no es jaleo el que se arma en Zaragoza! Toda la policía hubiera sido insuficiente, los gritos se hubiesen oído en Madrid, la ayuda de la prensa hubiera sido solicitada por los desgraciados. Pero cae el gordo, y aquí no se ha sentido ni siquiera el golpe. La mayor parte de los premiados han huido de Zaragoza; unos á Madrid, otros á Barcelona, otros á los pueblos, para festejar el gordo con la familia; los que quedan se niegan á retratarse, porque no quieren que los pobres les conozcan ni el anarquismo les persiga; la gente de mi pueblo, antes tan franca, sencilla y campechana, se ha tornado seria y empaquetada desde que tiene algo que ver con el Banco. El que no se marcha, hace como que se va. Bien dijo Mantegazza: -Así como el dolor es centrípeto, la alegría es eminentemente centrífuga. La niebla, una niebla zaragozana muy densa, muy fría y muy obscura, ha venido á favorecer los propósitos de ocultación de los premiados, y á impedirme sacar, como pensaba, vistas fotográficas de la famosa camecería y de la afortunada administración donde fué expendido el número 31.892. -Oye, le dije á una baturra muy guapa, ¿tendrías inconveniente en darme un retrato tuyo? -Mío, ¿pa qué? ya tengo novio. -No voy tan lejos; es para sacarte en un periódico. ¡Toma! Como si yo hubiera hecho alguna cosa mala! -Hija, ¡por Dios! todo lo contrario. -Pus no lo doy; ¿por quién me ha tomau usté á mí?