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GALEEIA DE TIPOS LOS VALIENTES DE OFICIO EL DE CHAQUETA Como el orden de los factores no altera el producto, doy la preferencia desde luego en el ramo de valientes al de las últimas capas, ó lo que es lo mismo, al valiente de chaqueta (ó de blusa) por ser éste un tipo más popular, más general y, sobre todo, más pintoresco. Su campo de operaciones es la taberna; su término natural seria el presidio si fuese verdad todo lo que cuenta. En presidio ha estado, según él mismo asegura; pero no le crean ustedes, porque lo dice ¡el muy vanidoso! por darse tono. ¿Ustedes han visto el saínete de Javier Burgos, Z, os valientes? Seguramente que si, porque todo el mundo ha visto esa joya de la moderna literatura. Pues bien; el Señó Isidro el maragato, el Caimán y el Chato de Cartagena son tres tipos deliciosos, arrancados de la viviente realidad. El peregrino ingenio del autor ha embellecido la verdad, y ha resultado una obra de arte de buena ley; asi se explica su éxito brillantísimo. Esos son los valientes de oficio, los que campan por sus respetos, los que cortan el bacalao, según la frase popular. El tipo se da más por el Mediodía que por el Norte. La Caleta, de Málaga, Puerta- Tierra, de Cádiz, y los barrios de Triana y San Bernardo, de Sevilla, son lugares cuajados de valientes. Algunos de esos valientes recalan á Madrid y sientan sus reales en los barrios bajos. También en dichos barrios existe la semilla y se produce alguna que otra planta, aunque nunca tan ráfica (si se permite la expresión) ni tan exuberante de vida, ni tan rica en matices y colores. Al valiente de oficio hay que creerle siempre bajo la fe de una honrada palabra. Si fuera modesto y reservado, quedarían en el olvido más profundo sus más temerarias hazañas, sus más gloriosas proezas, aquellos hechos precisamente que han labrado su formidable reputación. Pero como eso sería una lástima, él se cuida, por amor á la verdad y en homenaje á la justicia, de narrar minuciosamente sus aventuras con encantadora sencillez y pintoresca frase. Briza el cabello, materialmente, el oir las francas expansiones de un valiente en el seno de la amistad, que es, como si dijéramos, en la Corte de los Milagros de cualquier taberna extraviada, donde se reúne la llamada gente del bronce. y deben alegrarse, después de todo, los que de tales cosas se enteran, porque ya saben con quién tratan y los respetos que han de guardar á aquel sujeto. El porte, el gesto, el ademán, retratan á simple vista el mal genio, la resolución, el instinto de acometividad, la fiereza indomable del vahente. El valiente clásico, por decirlo así, usa navaja de muelles de grandísimas dimensiones, la cual navaja saca á relucir frecuentemente (produciendo al abrirla un ruido atemorizador) en medio de las conversaciones más pacificas, para limpiarse los dientes, 6 picar tabaco, ó pasarla de un bolsillo á otro.