Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
860 Este, por desgracia, traía un caudal tan grmde de agaas, que faé. imposible vadearlo, á pesar de los esfuerzos de la tropa. Bl guardia civil Cano fuá arrastrado por la corriente y pudo salir con vida gracias al arrojo de sus compañeros. En vista de este inútil resultado, dióse la orden de hacer fuego contra los rifeño? que á toda prisa desguazaban la balsa para apoderarse de las maderas y tablones. Una eompafíía del regimiento de África, dividida en tres secciones, hizo nutridas descargas mientras el fuerte de San Lorenzo, s- 5 feÍ. w. íf- 0 í. K que ed el más próximo á la citada playa, rompía el fuego de cañón. Al tercer caflonazj huyeron despavoridos los moros, dejando muertos y heridos en el campo. Sabido es el entusiasmo que produjo en las tropas acampadas este amago de rompimiento de hostilidades. Los soldados silían fuera de las tiendas empuñando las armas, felicitábanse mutuamente los oficiales, y el mismo general en jefe participaba de aquel justificado entusiasmo, como lo demostró el elocuente despacho dirigido al ministro de la Guerra dando cuenta de la piratería y de su pronta y dura repre 4 ón. El entusiasmo de la tropa duró poco. Intervinieron los famosos askaris, el bajá y el secretario de Muley Araaf, y todo cesó con la promesa de una indemnización y de la entrega de los culpables á las autoridades españolas. Custodiando las balsas Casi al mismo tiempo de ocurrir lo anterior, el bajá del campo consiguió vadear el río con el agua al cuello, y seguido del acompañamiento se dirigió á la tienda del general Martínez Campos, con el cual conferenció durante media hora. Su propósito fué disuadir al general de toda idea de castigo, porque los rífenos tenían su disculpa en la creencia de que todo objeto que el mar arroja es de la propiedad del primer ocupante. Sin embargo, sobre esta teoría rifeña acerca del modo de adquirir, están los límites de nuestro campo, cuya violación resulta descarada y audaz sobremanera á la vista del ejército expedicionario. Escapados los moros ante los disparos del fuerte y por las descargas del regimiento de África, quedaron custodiando el lugar de los sucesos varias guerrillas formadas por los soldados de guarnición en el fuerte de San Lorenzo.