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NOCHEBUENA Cuando las campanas de la iglesia voltean llamando á los líeles á la Misa del Gallo, y alegres cuadrillas de gente moza pisotean la nieve de la calle rasgueando guitarras y golpeando parches, concluye en el hogar cristiano la colación de Nochebuena. En amplios tazones se ha servido la leche de almendras, hervida sólo para aquella noche; se ha destapado la polvorienta botella de vino viejo ó de licor anisado, se ha partido la primera barra de mazapán... Donde no hay niños, ¡cuan triste es, sin embargo, la fiesta de la Nochebuena! l n niño es el qUe nace: la fiesta ha de tener, por consiguiente, toda la inocencia, toda la bulliciosa alearía de la infancia. La pandera de sonajas nuevas y reli. cientes, el ronquido de la zambomba, i l tambor, furiosamente azotado por entrambos parches, convierten el hogar tranquilcj en alborotada colmena donde nada falt. i ni siquiera la abundancia de azúcar.