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838 achocolatado, con la boca de espuerta y la barba como él, mal nacida, tiene el tipo acabado de esa clase de hombres que, al tiopezarlos á solas lejos de poblado, hacen llevar maquinalmente los dedos en requerimiento del revólver. La silueta moral no le va en zaga á los perfiles del cuerpo. Ámadi se ha puesto el mundo por turbant y comete cuantas acciones viles y torpes halla al paso, siempre que cuente con una visible superioridad de fuerzas. De la lucha leal, donde es parecido el poder y donde han de probarse los alientos, no gusta Amadi, y, según él, no pelea; pero ¡ay del que no le sirval Nunca falta un descuido, nunca un viaje durante la noche, y eso precisamente aprovecha Amadi para sus asesinatos, escondido, por de contado, en alguna pitera. La trama quiere astucia, y como buen traidor, es inteligente; la prueba bien pronto puede ostentarse. Amadi es confidente de la plaza, y por ello tiene un sueldo. sDurante la paz acude puntualmente, dice todo lo que ocurre, y cuando nada pasa, todo lo que inventa, y cobra su haber. iiLlega la guerra; aquí te quiero ver, confidente: hay peligro en el cumplimiento del servicio de las funciones por las que viene cobrando años hace, y no asoma por Melilla durante los dos meses que suenan tiros. iLa verdad es que no cabe cumplir mejor. La prueba de que no le falta entendimiento, os clara. Cumpliendo de ese modo sus deberes, ha obtenido dos cruces españolas. Entre los suyos, Amadi dice que acude á la plaza para seivir de espía á los rifeños, y, según parece, cumple á maravilla su cometido. Tiene tanto amor á la traición, que silmultanea dos cargos de espía. Farreu, el preso ejecutado por la mutilación de Amadi, había servido en las filas carlistas, donde se había batido como un héroe. Cuando el general Martínez Campos entró vencedor en Seo de TJrgel, socorrió por su mano á Farreu, que en el hospital de la plaza sucumbía al peso de crudelísimas heridas que recibió luchando valientemente y cuerpo á cuerpo con los soldados del ejército liberal. Después de esta doble silueta de Farreu y de Amadi, sólo resta encomendar á Dios el alma del primero y rogar al cielo también por la rápida curación del segundo, acogido y cuidado con todo cariño en el hospital de Melilla. Luis B E R M E J O