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836 La misa en Sidi- Guariax El bautizo del fuerte El sábado 9 del corriente todo era ansiedad y esperanza en la población militar de Melilla. Al día siguiente debía celebiurse una misa de campaña precisamente en el emplazamiento del nuevo fuerte, y el proyecto se estimaba no sólo como un alarde de fuerzas por parte de Espaüa, sino como nn ultraje religioso inferido á los moros al lado mismo de su mezquita famosa. Éstos, que habían considerado ofensivo el alzamiento de un fuerte extranjero junto al cementerio para ellos sagrado, iban á presenciar mal de su grado una ceremonia cristiana solemnísima y aparatosa, más que por el acto en sí, por el número de fuerzas que habían de presenciarla. Cierto que los moros, solapados y cautos siempre, no liabían de cometer el loco atrevimiento de atacar á dos cuerpos de ejército españoles, pero no era menos verdad que el sentimiento religioso herido podría sobreponerse á todas las razones de prudencia, y que la feria de Benisicar (celebrada todos los domingos) era nn riesgo inminente por la probable conflagración de los feriantes. Los ingenieros habían trabajado como leones en la construcción del altar, y el Estado Mayor había estudiado sobre el terreno la mejor colocación de las tropas, paia que éstas pudieran repeler una agresión que se consideraba segura por algunos. Las banderas de los regimientos, guardadas en el Principal desde el desembarco, habían sido sacadas del cuerpo de guardia con todos los honores de ordenanza y marchaban al campo, hecha excepción de las banderas de Saboya y San Fernando, regimientos que por DOMÍXLrS ocuparse en la protección de los trabajos no asistían á la ceremonia religiosa. El elemento civil embargaba todos los vehículos, coches y carromatos, para acudir al lugar de la ceremonia con mucho entusiasmo en el pecho y muchas provisiones en la fiimbrera; los batallones, los regimientos, los escuadrones y las baterías llegaban á los sitios designados con tal orden y tan guerrera regularidad, que habiendo de pasar todos ellos por un estrecho puente de tablas sobre el líío Oro, no hubo el más ligero tropiezo ni la más corta detención en la marcha total de ambos cuerpos de ejército. Tjas tropas extendíanse desde Cabrerizas Altas hasta la carretera de Frajana á Benisicar; en las avanzadas, el batallón Disciplinario y el regimiento de África estaban dispuestos á reprimir la menor agresión de los rífenos. Formaban las tropas dos largos cordones refulgentes y erizados de bayonetas; en el centro la artillería con las bocas apuntadas hacia as ruinas de la mezquita; á retaguardia los dragones de Santiago, colocados entre los fuertes de Camellos y San Lorenzo. Al lado izquierdo del fuei te los ingenieros que trabajan en Sidi- Guariax, y detrás de ellos la brigada de penados. Las músicas acogieron con la Marcha Beal la llegada del general en jefe, y poco después un punto de atención de las cornetas avisaba á las tropas el comienzo de la misa, que decía el teniente vicario del primer cuerpo D. Cesáreo Blanco, con la ayuda de todos los capellanes del ejército. AXTES DK AI. ZAJl El espectáculo era imponente sobremanera. En el dosel del sencillísimo altar se veía la imagen de la Concepción rodeada de banderas y trofeos militares; ningún aparato, ningún lujo, ninguna fastuosidad cerca del ara santa, más sublime cuanto más sencilla. Pero allá á lo lejos, todo el ejército armado y equipado como para un combate; veinticinco mil hombres prosternándose é inclinando sus armas ante el Dios de los reyes.