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Á OCHO DÍAS VISTA Calma chicha. -La honra á salvo, y la albañllena también. La mano izquierda del general. -Una contrabarrera, varios burladeros y un tratado de doble V. -El bando. -Entre la espada j la pared. de Sidi Guarlax. -iCómo será, el fuerte? -El Sultán y España paralelos. -El anarquismo. -Un hogar del perfecto anarquista. I as Navidades próximas. -Pavos explosivos, anguilas de percusión, turrones misteriosos, etc. etc. A la hora en que escribo estas líneas sigue el ejército de operaciones sin disparar un solo tiro, y el fuerte de Sidi- Guariax surge poco á poco rodeado de un bosque de bayonetas. La honra y la albañilería nacional están á salvo. Sólo falta garantir la inmunidad de nuestro territorio, y en tal empresa demostrará el general en jefe que si su mano derecha ha dejado de empuñar el sable, tiene al servicio de España una portentosa, habiHsima y envidiable mano izquierda. Por de pronto, los moros, á pesar de sus protestas de humildad, no entrarán en Melilla á vender huevos. No por el huevo, sino por el fuero (militar, se entiende) La zona neutral (esa especie de contrabarrera española) se medirá y fijará un día de éstos con arreglo á lo establecido en el tratado de Wad- Ras, un tratado que acaso no sea de P. P. por más que desde luego es de doble V. Y una vez fijada la susodicha zona ó contrabarrera, se prohibirá á los moros bajar del tendido, se alzarán fuertes avanzados (burladeros, como quien dice) y no podrán estar entre vallas más que los mozos de estoques y los penados que tomen él olivo ó la Higuera santa. No es menos trascendental la medida de publicar el famoso bando para ayudar á los periodistas á bien morir. Todo el que dé noticias del ejército, será pasado por las armas. ¿Por cuálas? hay que preguntar al bizarro caudillo, convertido en maestro de obras por arte del bajá Birlibirloque. Porque escribir un telegrama á un periódico no es cortar las orejas á nadie. Los corresponsales se encuentran en la mayor de las incertidumbres. Su deber les obliga á escribir. El bando les prohibe hacerlo. No saben, por consiguiente, á qué carta ni á qué telegrama quedarse. Están entre la espada y la pared. Entre la espada, aún no desenvainada, del general en jefe, y la pared, todavía blanda, del fuerte de SidiGruariax. Este no será tan grande como se dijo en un principio. Ni se sabe si será un fuerte propiamente dicho, ó un cuchitril para poner en nuestros límites una portería. De todos modos, como condiciones estratégicas, el fuerte en construcción no tiene ninguna. Se construye tan sólo para satisfacer el honor de España. Es decir, para que vean los méritos que allí podemos hacer lo que nos dé la gana. 1 0 sería difícil, por lo tanto, que en vez del fuerte levantásemos una columna mingitoria, convenientemente blindada y aspillerada, segán los modelos de la Puerta del Sol. Sea como quiera, dadas las actuales corrientes tranquilizadoras y pacíficas, todo se arreglará á medida de nuestro deseo.