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810 En la parte exterior se encuentra el Zoco ó mercado, abierto fuera de murallas y en la vertiente de una colina. Los jueves y domingos cobra el mercado relativa animación; los miserables tenduchos árabes, empotrados en la pared lo mismo que alcobas y albergando al tendero indolente, siempre cruzado de piernas, se ven favorecidos por algún comprador; cruzan por allí los europeos con su ropa inglesa traída de Gibraltar; los chiquillos árabes, encapuchados ó llevando al aire la cabeza pelada, hecha excepción de la trenza del cogote; los soldados con su fez rojo, su caftán de vivos colores y su espingiarda anillada y elevadísima como una caña de pescar; las mujeres moras con los pies descalzos y teñidos y el rostro medio oculto; los hombres envueltos en el vaporoso jaique ó llevando gallardamente la capa mora, ya plegada atrás, ya cogida en el hombro, ya flotante y libre, especie de toga romana que cada cual lleva como quiere, y que de cualquier modo sienta bien á quien ha nacido para llevarla. En el Zoco tienen su público los narradores de cuentos, los domesticadores de serpientes, los jugadores de pelota, los jinetes que á todo galopar de sus caballos corren la pólvora, disparando simultáneamente sus fusiles, y los pobres locos, siempre socorridos, respetados y libres, porque la locura es para los moros un estado superior sólo comparable á la santidad. m m FABO DEL CABO BSPASTEL El kasbah ó castillo de Tánger, el palacio del gobernador y la prisión, dominan á la ciudad allá en la altura. Allí los soldados dan guardia de honor á su jefe, guardia de vigilancia á los infelices presos, que se pudren en las mazmorras olvidados y cargados de grillos, y guardia de vigilancia á uno de los tesoros del Sultán, producto de las recaudaciones en Tánger La población penal distrae sus ocios trabajando la palma, fabricando cestas, espuertas y canastillas, que suelen adquirir los viajeros. La libertad allí es perfectamente cotizable. Si un preso tiene familia ó amigos que por él se interesan y dan dinero al gobernador, éste decreta la excarcelación sin ningún escrúpulo, aunque se trate del mayor de los criminales. Si el cautivo es pobre y no tiene parientes y amistades, allá se está años y años cargado de grillos, hasta que muere en el más miserable de los abandonos. A tres leguas de Tánger se encuentra el cabo Spartel, en la extremidad noroeste del continente africano. Es una roca inmensa de piedra gris de 300 metros de altura y cortada á pico sobre el mar. En la parte superior se eleva el célebre faro, de construcción reciente, cuyas obras, así como su conservación y mantenimiento, corren á cargo de las potencias europeas. Desde la plataforma superior se divisan dos mares y dos continentes: la costa de España desde Trafalgar hasta Algeciras; la costa africana, del Mediterráneo hasta las montañas de Ceuta; y allá en último término se acusa el pronunciado y pétreo lomo de Gribraltar. Socavando la roca de Spartel, y á flor de agua, son de admirar las profundas cavernas donde á diario trabajan no se sabe si cíclopes ó mineros, pescadores ó soldados. Los rayos del sol poniente, al enfilarla entrada de estas cuevas y reflejarse en las ondas del mar, producen ígneas luces, cambiantes diabólicos, sombras misteriosas que dan al espectáculo una originalidad aterradora. Luis B E R M E J O