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EL PACTO CON LA COMADRE I Ardiendo estaba la tierra en cierto día de un caluroso verano; ¡calculad cómo estaría el infierno, que ya de suyo es tierra caliente! Los diablos tenían los cuernos rojos como hierros candentes, los rabos secos, retorcidos y chamuscados, y sudaban betún. Tan -ande era el calor, que Lucifer y su compadre Mahoma salieron á respirar un poco sobre unos peñascales que ntísimo Simoún, que fué (tan requemados estasca. imó Mahoma. una chupada á su pipa, lanzando una bocanada iativo y distraído al ver cómo la nubécula subía naipes? dijo Mahoma. me parece ridículo que intentes tentar al diablo, -jY vamos á estarnos aquí mano sobre mano? ¡Petate! ¡Imbécil soy, que he puesto en ti mi confianza! Voy á proponerte una cosa que es de más importancia: hablemos de política, y escúchame y no seas atún. ¡Atún, atún! rugió colérico Mahoma; bien dicen, que así paga el diablo á quien le sirve. ¿Cuánto no habéis venido ganando desde que me asociasteis á vuestro trabajo? ¡Un pito por las tales ganancias! replicó con furioso desprecio Lucifer. ¡Cómo! ¿No he hecho yo que millones y millones de hombres, pensando que después de la muerte han de gozar de las hurles, den sus almas al infierno? ¿No he liecho creer que al chuparme la herida que me hizo una víbora en el brazo y escupir en tierra de ella, entre mi dulce saliva y agrio veneno del reptil brotó el tabaco, tósigo que conduce á la ociosidad, madre de todos los vicios? -Sí; pero te viniste maldiciendo del vino, y eso no se le ocurre ya ni al que asó la manteca. ¡Claro! Según eso, el Corán es una higa. ¡Vaya, morito, dejémonos de disputas! Hablemos de política. Te he sacado aquí, al fresco, porque es necesario que muevas un poco tu gente. Yo todo lo tengo preparado: los demonios más listos han estado inventando las diabluras más ingeniosas; nuestros corresponsales en la tierra. Santones, Bonzos, Fakires, Popes, etc. los reyes y los diplomáticos, lo tienen todo admirablemente preparado para un cataclismo que ha de serme de gran provecho. ¡Y España como la palma de la mano! Allí hay desgobierno, pereza, imprevisión; cuanto yo pudiera desear. Aplica, pues, la mecha á tus fanáticos. Mahoma, frotándose las manos de gusto y riendo desatinadamente, gritó: ¡Entendido, entendido! Dio un salto, alzó una pata al aire y arrojó por él una babucha, que vino á caer en uno de los cuernos del diablo. -Vamos, morito, no seas loco, que las mayores maldades se han de hacer con seriedad. -Así las hice siempre, como las han hecho los mayores picaros de la tierra, echándomelas de Profeta y de Pontífice. A propósito, añadió Mahoma, ved quién viene por allí. Miró Lucifer al punto que Mahoma le indicaba, y vio un esqueleto que, envuelto en blanco sudario, llevaba al hombro una reluciente hoz. ¡Bahl Es la Muerte, que va á su trabajo. -Me parece á mí que debiéramos llamarla para darla parte en la empresa, replicó Mahoma, guiñando un ojo.