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Á OCHO DÍAS VISTA La tregua política. -Los parlamentarios (ie abora. -Un mar encrespado y una balsa de aceite. -Parí boMs. La Cruz Roja y la Cruz Blanca. -Soserías de la paz. -Los albañUes del nuevo fuerte. -Cuentos de Noiil y cuentas de la lechera. La lotería de Xavidad. -fiordos que tocan. -Sociedades á primo íijo. -La esperanza nacional. Ya que en África hay guerra, que en España haya paz. Tal ha sido el móvil generoso de las oposiciones al perdonar la vida al Gobierno, inaugurando con toda- solemnidad la tregua política Al desfile de los parlamentarios moros, que día sin otro se presentaban en Melilla enarbolando un trapo blanco en una caña rota, ha sucedido el desfile ¡Qué hermosa es la paz, aunque sólo la veamos interiormente! Aquí en la corte el ramo de oliva, allá en África la palma del triunfo. ¡Dichosa la nación que puede andarse por las ramas, si las ramas son de esta clase! Carlistas, republicanos y conservadores han depuesto sus odios mutuos y su común enemiga contra el Gobierno, en aras del bien de la nación. Los caballeros de la Cruz Eoja se han ido á Melilla. Los caballeros de la Cruz Blanca se han quedado en Madrid. v. hA 4- 6 de los parlamentarios políticos cruzando con bandera blanca la plaza del Celenque y gritando hidalgamente á D. Práxedes: -La salud de V. E. es antes que todo; no piense V. E. más que en su tobillo enfermo y en los tobillos (sanos por ahora) de la nación, para que Dios nos libre de dar en Melilla un mal paso. Mientras el mar se encrespa en nuestras costas de África, Madrid es una balsa de aceite. Y de aceite puro y nuevo, porque precisamente es ésta la época de la recolección de oliva. El Poder ejecutivo no podrá menos de agradecer el patriotismo de las oposiciones, exclamando como el sacerdote cristiano: Pax vobis sit semper vobiscum. Y conste que digo vobis y no bobis para que vean que no me burlo de la generosidad ortográfica ni de la generosidad política. Si vis pacem, para bellutn. Xunca habíamos comprendido cuan profunda era la verdad de esta sentencia. Apenas hemos preparado la guerra de Melilla, ha surgido la paz de Madrid, hermosa, sublime, conmovedora, sostenida por todos los partidos políticos, sin distinción de colores. ¡Si la paz no fuera tan sosa! Pero al ver desanimados los Consejos de ministros, silencioso el salón de conferencias, discretos y reservados los centros de murmuración política, ¡francamente! nos cárgala tregua, como al otro le cargaba el Dante.