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805 El capitán Ariza Es el que mandaba la famosa Partida de la Mitert t, disuelta á la llegada del general Martínez Campos. tJno de sus individuos fué juzgado sumaxlsimamente y fusilado por mutilar bárbaramente á un moro confidente de la plaza. Sin embargo, sean cualesquiera los abusos cometidos por los infelices penados, no es posible negar que la heroica 6 errilla ha sido la salvaguardia del ejército y ha garantido la seguridad de la plaza en días tristísimos y en noches peligrosas. Sus servicios podrán ser in- necesarios ahora que la osadía de los rífenos ha disminuido y la seguridad del campo queda restablecida i) or la presencia allí de numeroso y bien armado ejército, mas no es posible rebajar el mérito de ese puñado de hombres que á diario han expuesto su vida combatiendo á los rífenos con su misma táctica. El Polígono Entre la plaza y el fuerte de Cabrerizas Bajas, en una explanada resguardada del viento por el cerro de Santiago, se levanta el barrio del Poligono, de construcción reciente y cómoda, sitio ayer peligrosísimo por la inminencia de un ataque rifeño, y al abrigo hoy de todas eventualidades, no sólo por las trincheras y fortines construidos, sino por las tropas allí alojadas, que hacen del nuevo barrio un campamento alegre y variadísimo. Ayer era el Polígono sitio de refugio para los soldados prófuga s y para los penados evadidos; el contrabando de armas tenia en las cuevas y silos del Polígono su más importante almacén; Alí el Moreno visitaba de cuando en cuando la casa de su propiedad construida en dicho barjio. Hoy han desaparecido los moros sospechosos, los judíos avarientos y los depósitos ilegales de armas. Artilleros de montaña, soldados de Extremadura y cazadores de Cuba dan animación y alegría á las calles; en el café de Jamar se reúnen los oflciales A M ixJfk- -i i- y los rcípresentantes de la prensa; los figones, los merenderos y las cantinas abundan por todo el barrio, que parece estar en continua feria. Cuando vuelven los soldados de la siega, (como ellos llaman á los trabajos de atrincheramiento) en vez de buscar el necesario descanso tumbados sobre las mantas, templan los guitarrillos ó piden á las músicas militares que interpreten jfíoí pourris y aires del pueblo para cantar y bailar, recordando los caros rincones de la patria querida. JOSÉ G A K C I A E ü F l N O (D I B U J O S DEL NATURAL P O R A R P A)