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787 El gobernador de Malilla ha comprendido la importancia de la artillería en esta campaña, y más en su primera fase, puramente defensiva y preparatoria, y en tal idea llevó á su lado auna de las glorias indiscutibles de la artillería española: al teniente coronel D. Fernando Álvarez de Sotomayor, próximo pariente del general, y figura respetada en los ejércitos extranjeros casi tanto como en el ejército español. Técnicos y profanos le conocen de antiguo; los primeros por sus constantes y maravillosos trabajos y proyectos, que de llevarse á cabo Harían quizás de la artillería de España la primera artillería de Europa; los segundos, por las baterías á caballo que en paradas y desfiles son la nota más alegre, simpática y modernamente guerrera de las formaciones. Asegurado el aprovisionamiento de los fuertes por la partida de penados que ha sustituido á aquellos primeros y aparatosos convoyes tan caros de sangré; contenidas las kabilas por el cañoneo incesante délos fuertes y la vigilancia exquisita de los barcos de guerra; necesitada la plaza de grandes arrabales militares para alojar las tropas que diariamente llegaban á Melilla, este trabajo ha podido hacerse con seguridad casi absoluta, y hoy es el campamento de Horcas Coloradas un verdadero campó atrincherado, que al abrigo del fuego de las kabilas encierra á casi todo el ejército de operaciones. Visto de lejos, acaso semeja más una pa- TEINCHBBAS DBL CAMPAMBNTO DE HORCAS COLOEADAS. -FOTOGRAFÍA DE COMPANY rada marroquí que un campamento de cristianos; las blancas tiendas, como grandes copos recién caídos, semejan chilabas y albornoces; el soldado español no se distingue: su traje de faena se confunde con el gris terroso del suelo; el mismo cuarto de luna, corneando á las nubes allá en lo alto, parece simbolizar á la religión enemiga de Cristo alumbrando á marroquíes y no á españoles, ya que éstos tienen su luz principal en esos poderosos reflectores que arrojan el inmenso ángulo luminoso á varios kilómetros de la plaza. Mientras llegaba el nuevo armamento, y con él las órdenes de avanzar, el ejército de Melilla ha sido un ejército de obreros, tan entusiastas é incansables al manejar el pico como lo fueron y lo serán al disparar los fusiles. De día en día se veían crecer en altura y en número los escalones de trincheras. Piedra sobre piedra, se han alzado en pocos días los parapetos artificiales con que hemos de neutralizar el poder defensivo de las cañadas, piteras y covachas moras. Como en tiempos de paz la esteva y el arado desgarran la tierra para que dé frutos, en tiempos bélicos el pico y la pala levantan defensas sobre la sábana desierta del suelo; al surco de la paz sucede la bélica trinchera, al terreno cavado de zanjas el terreno erizado de defensas; én uno y otro caso la tierra es siempre- nuestra madre: la madre que unas veces nos nutre con su jugo y otras ños defiende con sus brazos. LUIS BERMEJO