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782 Construcción de trincheras y entierro de cadáveres Mientras no comiencen las operaciones de avance sobre el campo moro, son hoy más importantes en Melilla la pala y el pico que los fusiles, condenados á forzosa inercia. Las operaciones de fortificación y atrincheramiento Uévanse á caho con rapidez increíble. Bajo la dirección inmediata de los ingenieros militares, la población penal y batallones enteros de soldados remueven la tierra y levantan más y más parapetos, hasta convertir en extenso campo atrincherado todo el terreno que separa el emplazamiento del fuerte en proyecto de las murallas de la plaza. No se les oculta á los rifeños la importancia de los trabajos actuales, que permitirán á núes tros tiradores disparar á cubierto, como ellos disparan arteramente ocultos en las cañadas; M J Z de aquí su oposición constante á nuestras obras y la necesidad de trabajar y trabajar sin descanso bajo el fuego enemigo atenuado poderosamente por las guerrillas protectoras de los trabajos y por los cañones de los fuertes. Tal es la- vida del soldado en el campo exterior de Melilla; él ha de labrarse su casa y su refugio, ha de defenderlo después trocando el pico por el fusil Maüser y ha de empuñar el pico otra vez para dar sepultura á los que caen heridos de muerte por el plomo enemigo. Junto al talud construido para proteger á los que matan, se abre la zanja para sepultar á los que mueren; una misma mano saca de la tierra el pedrusco y la arena que han de levantar el parapeto y rellenar el hoyo con cadáveres españoles; el pico, que suena fuerte y brioso para alzar en pocos minutos la trinchera, gime triste y melancólico al abrir la honda fosa para hermanos de sangre y compañeros de armas; juntos están en el campo de Melilla los que defienden el honor nacional y los que han muerto por defenderle: los primeros sobre la tierra, hincada la rodilla y apuntado el fusil; los segundos allá abajo, en el reposo eterno de la muerte, como si entre unos y otros quisieran defender, la tierra española en toda su anchura y en toda su profundidad. Parece natural que los rífenos consideraran como sus mayores enemigos dentro de las tropas españolas á los tiradores Maüser, que envían los proyectiles á distancias no soñadas, ó á los valientes del Disciplinario, que luchan cuerpo á cuerpo, que acechan y se arrastran, empleando los mismos medios de ataque que los moros con quienes luchan; mas éstos, sin embargo, ven con más ira un pico que un fusil, y con más rabia la silueta de un parapeto que el ancho fogOTiazo de una descarga cerrada. Atribuyen á los ingenieros militares toda la actual campaña, y creen obra é idea exclusivamente suya la construcción del nuevo fuerte y de los fortines y lineas de atrincheramiento auxiliares. Tal es la gloria del brillante cuerpo, que está dando eu Melilla pruebas constantes de su valor, de su peiicia y de su altura técnica. ¿Cuándo quedarán terminados los trabajos y empezarán en grande las operaciones de avance? Por pronto que sea será siempre tarde para el país impaciente y para el ejército, ansioso de acorralar y destruir al enemigo en los últimos confines de su propio campo. Ni la certeza de los peligros, ni las dificultades del aprovisionamiento, ni las molestias del campamento, tan pronto emplazado como levantado para plantearle más allá, bastan para enfriar un punto el entusiasmo que el ejército y el país sienten sólo al pensar que destruiremos las madri gueras enemigas, no por el alcance de los cañones, sino por la fuerza de las bayonetas de nuestros soldados. P K