Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
781 La feria de Frajana No lejos de la célebre mezquita, y en un llano próximo al poblado de este nombre, acostumbran los moros fronterizos á celebrar su feria. Cuando el Sol del Lunes asoma tras laa vecinas crestas del Gurugú, y la brama huye, dejando ver tras sus flotantes rasgaduras las sinuosidades de la montaña, lejos, muy lejos, un cordón humano blanco é imperceptible asoma tras los barrancos y corre á lo largo de las cañadas y los valles. Los rifeños de todas las kabilas acuden á la feria como á un mercado general, donde hallan la base de su subsistencia. A los pálidos reflejos de la mañana vense los alquiceles movidos por el viento y los rojos arneses de las cabalgaduras; el camino, sombreado de chumberas verdes; abre paso al montañés salvaje de rapada cabeza y. trenza retorcida, que marcha indolente tras su esclava la mujer, mora sucia y harapienta cargada con carbón ó frutas y medio oculta en el mantoncillo color tierra, delatador de morbideces y encubridor de unos ojos negros como la noche y un rostro al que las durezas del trabajo no pueden borrar el brillo deslumbrador de belleza patrimonio de toda una raza. Por aquí un rebaño de corderos blancuzcos ó pardos hormigueando entre la verdura del campo, donde unas cuantas gotas perdidas brillan de vez en cuando como estrellas en un cielo desconocido; por allí la yegua moruna marcha gravemente, cargada con el peso de un serón monstruoso cubierto con la manta roja y deteriorada y lleno de panes negros ó cántaros toscos y repletos, cuyos poros de arcilla, al destilar una gota de agua, parecen apagar la sed encendida en la candente arena del camino, mientras el potrillo en libertad corre retozón y alegre ante la madre, jugando entre las nubes de polvo, trotando revoltoso y escondiéndose en las veredas, cuyas ondulaciones se retuercen á lo largo de la montaña. La feria parece un hormiguero humano, donde todo es vida y actividad: uno disputa con el otro las buenas cualidades de su caballo, fiel amigo á quien ama como á su propia vida; otro examina cuidadoso el trabajo de un arma antigua; en un lado, las moras sentadas en el suelo, con el alquicel tocado por la cabeza y echado tras los hombros; ante ellas, la espuerta con sal, dátiles ó trigo, mercancía insignificante que las hizo venir de aduares lejanos. Un ruido ensordecedor, mezcla de conversaciones y gritos, pregones y cantos, llena el espacio, hasta que allá en lo alto de la mezquita suena la voz del santón que anuncia la oración del Dios Grrande. Entonces el ruido cesa; la muchedumbre toca con la frente el polvo en que un día ha de tomarse el cuerpo, y mientras la voz del muexzin anuncia que el sol, al subir en el azul horizonte, llega á la mitad de su carrera, el moro reza, dirigiendo su vistaliaoia el Oriente, donde está la Meca de sus creencias y el Corán milagroso donde sus leyendas y su historia guardan los restos de los qne fueron un gran pueblo, y eleva su pensamiento á Aláh, que es la fuente eterna de la felicidad y de la vida.