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D. E m i l i o Díaz Moreu lefe de la escuadrilla de África El bizarro comandante del crucero Conde de Vettadito ha sido agraciado con el cargo, por todo estremo honroso, de jefe superior de la escuadrilla que ha de operar en aguas africanas, ahuyentando de la costa á los enemigos de nuestra bandera. Componen dicha escuadra los vapores Tsla de Cuba, Ida de Znizón, Temerario y Conde de Venadito, cuatro buques que han de dejar bien puesto el pabellón en esta rudísima y complicada campaña. Siempre encendidas las calderas, nunca descargados los cañones, apercibida y vigilante la tripulación en zafarrancho continuo, tan pronto nuestros buques habrán de ayudar con sus lanchas la pesada faena de desembarcar hombres, caballos y material de guerra, como iluminarán con sus reflectores el campo enemigo para la mejor puntería de los artilleros; ya se acercarán á la costa para disparar las ametralladoras contra los rífenos audaces, ya saldrán á alta mar para sorprender el contrabando de guerra. Díaz Moreu, que fué un día la figura más popular do España, unirá á los lauros con quistados como comandante del VeuadUu los triunfos que habrá de conseguir como jefe de la escuadrilla recién formada. La conferencia del día 9 Kl ejército ansioso de venganza y lleno de noble acometividad, el pais impaciente y generoso, la prensa como nunca activa y emprendedora, temieron un momento que la conferencia pedida por los bajaes al general Macías inaugurase la segunda serie de aquellas entrevistas de Octubre en la easeta de los iiigereieron, quemada una noche por la audacia rifeña. Alzada una tienda de campaña al pie del cerrillo de Santiago, penetiaron allí nuestros generales seguidos por los jefes marroquíes, mas ni éstos vieron logrados sus propósitos, ni España tuvo motivo para consentir en sus temores, que desechó al punto El plan de los bajaes era el de siempre: ganar tiempo y conseguir una tregua que permitiese á las kabilas reorganizarse. Harta generosidad fué en las autoridades españolas conceder un plazo de veinticuatro horas para que los rífenos se entregasen; mas pasado aquel día de paz, los cañones se desquitaron del forzoso silencio rompiendo á una vez contra los poblados, cañadas y trincheras marroquíes. Los sucesos ulteriores han demostrado que los bajaes no trajeron al campamento español más planes que L s dictados por su pérfida y engañadora diplomacia.