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776 A ú n les quedaba el día de W á d- R a s para agregar otra hermosa página á la historia. Vadeado el J e l ú por una brigada del segundo cuerpo, hizo avanzar el general Prim á los trescieritos hombres que componían á la sazón aquella hueste, casi reducida á la mitad, con objeto de que reforzara el ala izquierda y contuviera el ímpetu enemigo. Bastó la voz de mando, y como un solo hombre, y ala carrera, rebasaron los catalanes la línea de n u e s tros tiradores, penetrando como u n torrente por entre los moros y sembrando en sus filas la confusión y la muerte. Allí, como el día 4 de Febrero, lucharon mano á mano con los moros y torcieron sus bayonetas rompiendo las haces del contrario. Y facilitado el paso del río, vióse á las barretinas coloradas ascender por los estribos de la áspera sierra que limitan el horizonte y llevar el fuego y la muerte á los distantes aduares. ¡Ciento once hombres de baja tuvieron en este día los catalanes! A menos de doscientos quedaba reducida y a la hueste que desembarcó el día 4 en F u e r t e- M a r t í n P e r o el epílogo de esta jornada es digno de las proezas realizadas en aquellos dos combates; es hermoso, sublime, porque trae á las mientes la austera grandeza espartana y la heroica abnegación de los cruzados. Cuéntase que habiéndose dolido el general P r i m de las muchas bajas que el batallón tuvo en W a d- R a s al desfilar los voluntarios ante el caudillo catalán después del combate gritáronle aquéllos: -E n c a r a n quedein pera un altra vegada. (Aún quedamos algunos para otra vez. ¿Tpera un altra ¿Y para otra? preguntó el general. -Pera un altra no. (P a r a otra no. Respuesta breve y elocuente que pinta por sí sola el temple y los arranques de aquella raza. E l heroico marqués de los Castillejos no podía recordar á estos soldados sin hacer u n elogio calurosísimo de ellos: Buena gente, solía decir, y que en nada desmerecen de los que pelearon en Grrecia y en el Asia Menor á las órdenes de los Berengueres y Rocafort Yo recuerdo todavía el entusiasmo delirante que despertó su llegada á Barcelona, terminada que fué la guerra. Pocas, m u y pocas veces la ciudad condal habrá ofrecido espectáculo tan hermoso como aquél. Caía una lluvia de flores, versos y coronas sobre los restos de aquella heroica falanje, destruida por el plomo en el intervalo de pocas semanas; y sólo fué comparable este espectáculo al que dio motivo la llegada de P r i m porque P r i m ora la encarnación, la imagen del carácter catalán con todas sus cualidades de valor, de tenacidad y de dureza. Pocos, m u y jiocos quedan ya de aquellos soldados, y estos pocos puede contarlos todavía Barcelona en el aniversario de la batalla de Tetuán. Allá en una de las más hermosas plazas del P a r q u e j u n t o á la arrogante estatua del famoso caudillo, conmemoran los veteranos de África la fecha gloriosa del 4 de F e brero. E l tiempo se encarga ahora de ir diezmando el grupo de los supervivientes. Ellos podrán contaros todavía con el calor y color que presta la realidad vivida, los hermosos ei) isod ¡os que por referencia he trasladado yo al papel. FKANCISGO (DIBUJOS DE BANDA) BARADO