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772- -Quisiera que ustedes me ayudasen, en provecho de la ciudad, de la provincia y de la patria. -Cuente usted con nosotros. -Yo quiero ser teniente- ¿Del Disciplinario? -No, señora; quiero ser teniente- ¿De qué oído? -Déjenme ustedes acabar; teniente alcalde. ¡An! ¿quién piensa en eso? Déjenos usted tranquilamente entregados á la lectura de la ley de Reclutamiento. -Pero, ¿y la ley Municipal? -No la conocemos más que para servirla. Estos días, sin embargo, los ajointamientos han querido acreditarse, y están siendo pródigos, generosos, patrióticos y entusiastas hasta no poder más. Uno encarga 200 fusiles á Maüser. Otro le pide 50. Otro 25. ¡Oh generosidad I me decía un amigo; ¿es que quieren mandarlos á Melilla? V- Ei Boletín! Q Boletín! oímos de allá á un cuarto de hora. -Pero, ¿es el oficial? -Sí, señor, responde el vendedor; es el Boletín oficial. Y, en efecto, es el Boletín oficial de Instrucción pública. La curiosidad es tan grande, los nervios públicos (y dispensen ustedes el modo de señalar) están tan excitados, que todo papel se compra con la esperanza de leer nuevas noticias de la guerra. ¡La lista grande, con los últimos partes de Melilla! pregonaban la otra tarde en la Puerta del Sol. Y la gente compraba la lista sin haber arriesgado una peseta en el sorteo. -Mira, mira, qué horror, decían los lectores: 12.540: Extremadura. -Bueno, ¿y qué? ¿Qué ha de ser? Que el regimiento de Extremadura ha tenido 12.540 bajas. -No sean ustedes locos; es el premio mayor, que ha caído en Badajoz ó en Cáceres. A tal extremo lleva la sed de noticias y el ansia de nuevas impresiones. Pululan las Gacetas falsas, los Boletines problemáticos y las Correspondencias dudosas. El comprador burlado exclama: -Esto es abusar del crédito de muchas honradas publicaciones. -Ya lo creo, añade otro, y darle quince y falta al TJie Thimes. -No; es que tratan de defender la vara. Podrán en Melilla quedarse sordos con el estrépito de los cañones, mas aquí tampoco andamos muy bien del oído con la algarabía infernal que produce el vocear de los Extraordinarios. Estrordinario la Ga. ceta! oímos desde el balcón. Salimos á la calle, compramos el papelito (el que lo compre) y nos encontramos, verbi- gracia, con la Gaceta de los Caminos de Hierro. -Pero, hombre, ¿por qué compra usted tanto papelote? -Porque sé que se está preparando una buena acción, y quiero tener noticias de ella. ¡Acabáramos! ¿Usted se pirra por una buena acción? -Sí, señor, -Pues dele usted á un pobre todo eso que se gasta usted en los Extraordinarios. LUIS (DIBUJOS DK CILLA) ROYO VILLANOVA