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EL CIEGO DE LOS MOROS La cruz y la media luna antiguos odios renuevan; Melilla sufre el embate de las kabilas rifeSas. A la voí del patriotismo España toda despierta; sus cañones y soldados al África inculta lleva, y á, la terrible venganza del torpe ultraje se apresta. Ya hienden el mar las- naves con Jas legiones guerreras; ya desembarcan las tropas, de sangre mora sedientas; contra el eterno enemigo ya las batallas comienzan; y si la sangre española el suelo de África riega, España verá humillados los hijos del Profeta, renovando los laureles de la española bandera. Febriles y entusiasmadas, ciudades, villas y aldeas noticias de los sucesos aguardan con impaciencia. En las horas de la noche la multitud las espera por las calles de Sevilla con andaluza vehemencia. Interrumpiendo discursos que aplauden ó que condenan al general y al Gobierno, que amenazan á Inglaterra y el Gurugú ponen llano en dos semanas y media, cien anuncios y pregones estrepitosos resuenan; chicos, mujeres y ciegos con altos gritos vocean suplementos, boletines, telegramas, hojas sueltas y alcances de los periódicos con noticias de la guerra. A los roncos vendedores la multitud, con presteza, arrebata los papeles á cambio de las monedas, y en grupos, á la oscilante luz de los faroles, llena de temor y de esperanza la ansiada lectura empieza de la hoja que echó á la calle la máquina de la imprenta con el papel todavía húmedo, y la tinta fresca. Un ciego va pregonando: -Traigo aquí para que lean el suplemento que acaba de salir, con la sangrienta batalla que á los rífenos ganaron las tropas nuestras; con lo bien que se han portado al tomarles las trincheras, y el gran número de heridos y muertos que en la pelea tuvieron los marroquíes- ¡Ciego! un chusco le interpela, ¿sólo pregonas las bajas que allí los moros tuvieran? Acaso los españoles ningunas bajas lamentan? Pues por qué no las pregonas? -Yo soy, al punto contesta, el ciego de los cristianos; si tenemos bajas, esas allá el ciego de los moros las pregonará en su tierra. JOSÉ E VELILLA