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Á OCHO DÍAS VISTA A mal tiempo, buena oara. Bl seneral No importa -La administración púialioa y las desdichas de la nación. Donativos particulares. -Vientos de paz. El bajá del campo. -La nota del Sultán. -Ya sabemos á qué carta quedarnos. A mal tiempo, buena cara dice un refrán muy español y muy valiente. Y ese refrán debe sustituir en el escudo de España al PIXÍS ultra enroscado en las columnas de Hércules. ¡No importal decíamos aán no hace un siglo, cuando las tropas del petit caporal vencían nuestra fuerza, sin que pudieran domar nuestro valor. ¡ISTo importal debemos repetir ahora, cuando sangre española corre en Melilla, cuando Santander se resquebraja, cuando Barcelona retiembla con el estrépito de las bombas Orsini. ¿Qué más quisieran los moros, qué más quisiera el hado adverso, qué más quisieran los anarquistas sino vernos rendidos al peso de las desdichas nacionales? Hoy más que nunca precisa el valor, ya que lo necesitamos para dos cosas igualmente importantes: para la defensa propia en primer término, y para el socorro ajeno en segundo lugar. Volemos en socorro de la patria amenazada, de la miseria inminente en Santander, y del orden social, tan en peligro en Barcelona, imitando la conducta de la pública administración. Un Argos que tiene cien manos, ya que no puede tener cien ojos. Examinemos su labor benéfica de algún tiempo á esta parte. ¿Ocurre lo de Consuegra? Pues se echa un guante nacional, y á Consuegra con él. ¿Viene lo de Villacañas? Pues sin perjuicio de guantes ulteriores, se gira á dicho pueblo parte de lo recaudado para el anterior. ¿Surge la cuestión de África? Las propias Consuegra y Villacañas se anticipan á los deseos del Gobierno destinando parte de las limosnas á comprar armamento. ¿Salta á última hora lo de Santander? Pues ya es sabido: la famosa comisaría regia vuelve á librar otra vez, sin tener novedad en el parto. Aquí todo queremos hacerlo con un duro. Pero es lo que decía el sujeto del cuento: ¿T qué quiere usted que haga, si no tengo otro? Claro es que la iniciativa individual reviste más numerosas y sublimes formas. A Melilla llegan diariamente voluntarios, regalos para la tropa, armas de diversas formas, hospitales de todos los modelos, vinos de mil marcas, donativos de todas clases y de todas procedencias. La Administración militar se apura, y dice á los donantes: -Pero, caballeros, ¿creen ustedes que esto es una prendería?