Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
758 suspiros de aquellos valerosos soldados que presentan las armas esgrimidas en días anteriores contra los sectarios rifeños, ganando laureles y fama. Cara á cara de la gloriosa enseña y de la fuerza del regimiento se colocan, el comandante mayor, de un lado, y el grave y reverendo capellán, del otro. ¿Juráis á Dios y prometéis al rey seguir constantemente sus banderas y defenderlas hasta perder la última gota de vuestra sangre? En medio de un silencio imponente, interrumpido en aquella ocasión por la bala que silba ó el cañonazo que á lo lejos lanza estruendo y metralla, se oyen voces trémulas, descompuestas, que gritan sin concierto, pero con aplomo y arranque: ¡i Sí, juro! -P o r obligación de mi ministerio ruego á Dios que os lo premie silo cumplís, y si no, que os lo demande, añade el páter, con unción entre castrense y religiosa. Sucédese una breve pausa; la música rompe con un himno; forma el comandante mayor, con su espada y. el paño de la bandera plegado al asta, una cruz sencilla, que sucesivamente besan, descubriéndose, los soldados. Con el juramento solemne la bandera. se convierte en santo lábaro que protege y ampara á los rollizotes muchachos. Tropieza el uno, y no sabe dónde colocarse el otro; parecen autómatas desprovistos de sentido, abandonados de todo rastro de inteligencia; sus ojos miran y no ven, nublados por la emoción y por las- lágrimas. Y es que en aquellos momentos afluyen al alma y se concentran en ella, afectos, remembranzas, sangre, coraje, vida, cuanto puede encender y provocar esa hermosura indefinible llamada patria, amor de nuestros amores, norte de nuestras aspiraciones, foco donde convergen cuantas grandezas pueden palpitar en un corazón sencillo y noble. Josjí IBANBZ MARÍN (DIBUJO DE BANDA)