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755 puede contarse por el libro de entradas del hospital y por las bajas del Registro civil. A los cadáveres encontrados hay que añadir los que se pudren en el fondo de la bahía; á los muertos del camposanto, los muertos moralmente por la horrible sacudida nerviosa ó por inmensas pérdidas en familia ó en intereses; á los operados que expiran, los desequilibrados para siempre y los que morirán poco á poco sin que el público se entere ni los periodistas se percaten. Fácil es, después de todo, levantar los edificios aplastados, reconstruir el muelle deshecho y reparar las pérdidas materiales; mas no es tan sencillo rehacer las familias rotas, volver la alegría á los corazones para, siempre enlutados, y equilibrar los cerebros que tan intensa y dura conmoción debieron sufrir con la catástrofe. Terremoto y naufragio, gigantesco estallido y general asfixia lluvia de hierro y fuego y paso mortal de EDIFICIO DE LA AUDIENCIA innúmera b es hoces; tal ha sido á un tiempo la explosión del Cabo Machicaco. Lo rápido é inmenso déla catástrofe hizo en los primeros momentos creer á muchos vivos que estaban muertos, y á muchos horriblemente mutilados que nada habían perdido en aquella desgracia verdaderamente apocalíptica. Sólidos edificios se hundieron casi totalmente, sin que de ellos quedaran más que altísimas aristas, para que pudiera medirse toda la magnitud de los desplomes. Cebóse el incendio en manzanas enteras, y así, ni aun llegada la noche pudieron los santanderinos dejar de ver el conmovido campo de la hecatombe sembrado de restos palpitantes y de riquezas que fueron. ¡Bien haya la filantropía universal, que tan presto ha acudido en socorro de la simpática cuanto desgraciada capital montañesa, y bien haya también la valiente caridad española, á la cual, por desgracia, tantas y tantas ocasiones se le ofrecen de ejercitarse en época como la presente, tan calamitosa y fatal para la patria! (Fotografías hecTias para BLANCO Y NEGEO por D. L. Llnacero. TOKOUATO LUCA DE TENA