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747 Los tenientes Palacios y Golfín En la sala de oficiales del Hospital militar de Melilla se encuentra cuidadosamente asistido el bravo teniente de infantería Sr. Palacios. Los crueles sufrimientos ocasionados por la herida que tiene en el muslo se hallan reflejados en su semblante demacrado y en su mirada triste. Al estrechar la mano del valiente oficial sentimos un extremecimiento involuntario, porque abrasaba, cual si dentro de sus venas corriese, en vez de sangre, plomo ardiendo. El mismo nos refirió fatigosamente los detalles del momento en que iaé herido: una nube de moros se ocultaba entre las fragosidades, una avalancha aparecía ante nuestros soldados, y cada piedra obscura, cada mata de juncos verdosos y de chumberas puntiagudas tornábase en un rife ño que disparaba, desaparecía y volvía á surgir, cual evocado por conjuro mágico. Entonces Palacios, viendo el riesgo de nuestras guerrillas, comprometióse á reclutar en la plaza un grupo de paisanos que voluntariamente lucharan, ayudando á la tropa. Al llegar al puesto de mayor peligro conduciendo municiones, el bravo teniente recibió un balazo, siendo condacido al hospital en una camilla. Allí le hemos visto, siempre soñando con verse restablecido, con volver á la vida, que es más grata cuanto más de cerca se ven las frías lobregueces de la tumba. D. Antonio Golfín, teniente de caballería, es un oficial muy fino y muy simpático. En los sucesos del día 2 jugó un papel importantísimo; al mando de su sección dio una carga, acometiendo al enemigo, que intentaba avanzar por el río Oro. El choque fué terrible; los bravos soldados españoles arremetieron contra la morisma á todo correr, sueltas las riendas de los corceles, que volaban por el llano; el chispear de los aceros mezclábase á las voces de mando y al vibrante sonido de las cornetas; los moros huyeron despavoridos, abandonando el terreno ocupado, y el bizarro teniente recibió en la pierna una herida bastante f tfi S 3 grave. La figura de la madre de Golfín apareció entonces interesante y vigorosa: la ilustre dama vino de Madrid, y confundidos en estrecho abrazo, pudieron verse libres de temores la madre y el hijo. El teniente Golfín es hoy una figura de actualidad y un valiente, á quien la patria, por mano del ministro de la Guerra, ha premiado concediéndole el inmediato ascenso en la última propuesta. La mezquita de S i d i- G u a r i a x y el cementerio de Fraiana Pocos serán los españoles que al oír este título no sientan una curiosidad tan justa como irremediable. La mezquita y el cementerio de Frajana han sido el origen de toda la cuestión presente, por hallarse próximos al fuerte de Sidi- Guariax que proyectábamos construir. La mezquita de Frajana es antiquísima; un santón llamado Sidi- Guariax vivió en ella como un apóstol de las creencias muslímicas; á él acudían los moros de todas partes, cual si inspirado por el cielo llevase en la mano el talismán maravilloso de la felicidad y de la vida; á él venían los enfermos, á quienes devolvía la salud con el bálsamo reparador de sus plegarias; y al morir en olor de santidad, fué enterrado por los fieles creyentes en el mismo sitio donde dio su voz al viento para anunciar, cuando el sol se ocultaba en las piedras del Gurugii vecino, la hora de la oración á Alah, que mueve la máquina portentosa del universo. Los cañones del fuerte de Camellos ocasionaron en la mezquita daño considerable; vese en ella el ángulo de la derecha lleno