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744 abajo, y todo para salir al mismo sitio; no se ven esos árabes de rostro moreno y largas ensortijadas guedejas que marchan sobre sus caballos de roja montura; no se ven tampoco los tipos judíos característicos de Tánger, Tetuán, y hasta de Ceuta. Presos y más presos; por doquier grupos de confinados á quienes la sociedad arrancó de su seno, como el jardinero arranca de la encina el muérdago que ha de hacerle daño. Kilos pasan con bultos de gran peso y soportan los rayos del sol, cavando entre el polvo fatigoso de la carretera; el calor, que enerva el cuerpo y decae el espíritu, hace resbalar por las tostadas mejillas gotas de sudor, que al pronto parecen lági imas temblorosas que salen del corazón como perlas del arrepentimiento. Allá abajo, saliendo de la plaza, M Mantelete, barrio nuevo donde se compran las vituallas; una turba de soldados revuelta entre desharrapados judíos. Fuera, El PoUgonn, barrio nuevo, donde se ven algunas moras viejas y sucias asomar á las puertas f- in el recato ordenado por Mahoma; no cubren su rostro ni tapan su cuerpo con ese misterioso alquicel que nos hace soñar perfecciones, por lo mismo que la curiosidad y el atractivo están en el misterio. Al obscurecer ciérranse las puertas de la plaza, y estos barrios quedan incomunicados. Allá, en la noche, la luna juega en las dormidas aguas; de las sinuosidades del Chirugú elévase el resplandor rojizo de las hogueras envuelto en columnas de humo, y el centinela, paseando por la muralla, da la voz de ¡alerta! que vibra un momento en el espacio, gimiendo allá en los aires, hasta perderse en los ecos de la noche. Es la hora en que el soldado recuerda entre el silencio, y un suspiro sale de su pecho mientras sus ojos buscan en la sombra la costa bendecida de la patria. El kaid Hammú Ben- Larbi Bajá de la kabila da Mazuza Las kabilas fronterizas á Melilla son dos: Mazuza y Benisicar; aquélla es sin duda la más importante, y su jefe el gobernante que en el Eiff tiene más autoridad é importancia. A la kabila de Mazuza pertenece la mezquita de Sidi- G- uariax y el poblado de Frajana; todo esto comprende la jurisdicción del bajá. Sidi- Hammü es un hombre como de cuarenta años; sus ojos brillan con fulgores de inteligencia, pero de una manera recelosa y preventiva; jamás he visto al kaid mirar de frente. Su tipo, en general, es arrogante, lo que hace que su figura, aun- que carezca de simpatía, tenga cierto interés, que es mayor para nosotros si consideramos que el bajá de Mazuza es el jefe de las kabilas que por haber atacado é. nuestras tropas son hoy un enemigo con quien se hallan en situación de guerra- los españoles. 4 A JÍ, HJ 4 ¡Pro Patria! En el cementerio de Melilla, frente á la puerta de entrada y en el sitio más olvidado y obscuro, hay un rincón humilde donde crecen esas hierbas de la soledad y de la ruina; ni el ruido del mar ni la voz del viento llegan hasta aquel sitio de paz y de tristeza. Allí no van las mariposas de tornasolados matices, porque no tienen flores donde dejar el impalpable polvillo de oro de sus alas. -I Dónde están enterrados los valientes del día 2? pregunté á UH empleado al entrar en el cementerio. -AUi, respondió, señalando el rincón á que me refiero. Un montón de piedras cubre la tumba; junto á él, una carretilla donde se trajo la cal que como eterno siidario envolvió el mutilado cuerpo de los españoles Y nada más. Sobre aquella tumba aún no ha caído una lágrima, ni una corona pobre y humilde ha venido á marchitarse sobre la tierra del sepulcro. Aquel rincón grande, imponente, produce en el ánimo sensación extraña; es algo más que un montón de piedras; allá abajo duermen el sueño eterno muchos hombres, todos jóvenes, todos animosos, todos valientes. Ese rincón del cementerio es para nosotros un lugar sagrado; la patria debe elevar allí un monumento digno, y mañana, cuando nuestros hijos se detengan ante él, podremos decirles: Mirad, ahí duermen el sueño eterno unos valientes que dieron su vida por la patria!