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740 mezquita, la pitera amazacotada como la trinchera sinuosa que marca en el terreno protectora rebaba todo debe ser destruido por los cañones de nuestra marina de guerra si el escarmiento ba de ser tan duro como grave fué el atentado, y si los soldados españoles han de avanzar después con paso firme sin miedo á que broten de todo refugio natural ó artificial del suelo los agazapados moros, de cuya existencia sólo tienen noticia nuestros combatientes por el brillar del fogonazo y por el silbido de la bala La marina de guerra no ha hecho más que comenzar su campaña. Muchas veces sonará el toque de Vw 4. Jjífc -í ¿tó íir- i EL MÜEO M A B I tíUAKI, E S P Í A C A P T U B A D O POE S U E S T E A S TROPAS zafarrancho sobre la cubierta de nuestros cruceros y crujirán los cascos tras la trepidación producida por el disparo de los cañones. Muchas nubes de humo han de levantar éstos entre el mar y la costa antes de que consigan hacer tabla rasa de aquellos alrededores enemigos. Las kabilas de Chafarinas han sido cañoneadas también por la ayuda prestada á las de Melilla en los ataques de triste memoria, y quién sabe si la misma vigorosa medida habrá de tomarse también contra los moros de Alhucemas, de Ceuta y del Peñón, ya que la conflagración contra España corre como reguero de pólvora, y la guerra santa se predica por los santones en las mismas puertas de Tánger. Siguiendo este camino del rigor, tan saludable y necesario en estas circunstancias, no había de tolerar el general Macías la estancia de moros en la plaza ni en sus barrios exteriores, toda vez que su presencia entre los españoles era un poderoso é indudable medio de conocimiento para las kabilas, que así se enteraban de nuestras obras, de nuestros refuerzos, de nuestros medios de guerra para preparar