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738 tener á las guerrillas, acribilladas por el plomo enemigo, y de ordenar aquella tristísima y gloriosa retirada en que los cazadores de Cuba y los infantes de Extremadura hubieron de ganar á escape el portalón de Cabrerizas, por donde entraba la muerte con ellos. En el duro interregno que separa la muerte de Margallo de la toma de posesión de Maclas, ¡cuan áiinárgos instantes debieron embargar el ánimo del gobernador interino de la plaza! Obligado á empuñar el bastón superior de mando, húmedo aún con la sangre del héroe; considerando aislados, bloqueados é inermes los fuertes avanzados de la plaza, y viendo hormiguear entre ellos á la chusma innumeT ffS jyr- ií m: m E L P E I M E K D I S P A K O D E L C O I í D B DE V B X A D I T O B rabie de moros que ocupa nuestras trincheras, intenta incendiar el Polígono y no amaga el asalto de Melilla más que por respeto á nuestra tuerza, escasa y rendida entonces, por miedo á nuestro valor siempre indomable, un rayo de esperanza debió ser para Ortega y para su castigadísima brigada el arribo del nuevo gobernador con tropas de refresco. El terrible é impensado desastre hubiera causado mella en otro corazón menos fuerte y probado que el del general Maclas. Ordenó éste el rápido aprovisionamiento de los fuertes exteriores, y dichas salidas, en extremo difíciles y hechas bajo la acción del mortífero fuego enemigo, lleváronse á cabo, sin embargo, con la misma perfección, limpieza y orden irreprochable que pudieran exigirse en un simulacro ó en el campo de maniobras. Mas era bien triste que la vida de nuestros soldados, más preciada la de cualquiera de ellos que la de cien de aquellos salvajes, estuviera á diario expuesta en aquella forzosa limpia matinal de nuestros