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732 hasta que, de acuerdo ambos, determinan dar fin á su afán de destrucción danzando amigable ó amorosamente. CX -I -i 5 Ocioso es decir que el público f 1 j i cuenta entre tanto el número de morratxas que rompió cada p a r e ja, y que queda triunfante la que rompió más, corriendo de boca e n boca sus gloriosos nombres durant e im día entero. Los encargados de entregar y contar las morratxas hacen con ello las cuentas del Gran Capitán, explotando así el desinterés de que quiere hacer gala el obsequiante para resultar simpático á los ojos de su escogida. La fiesta resulta animadísima: quiébrase el vidrio, suenan las músicas, grita la gente, levántanse nubes de polvo parodiando los orientales pebeteros, y cuando, embriagadora, enerva la alegría á todo el mundo, húndese el sol en el ocaso y muere la fiesta, parados sus acordes, apagados sus tonos, fatigadas sus gentes. Despídense todos, usando la fórmula: F ins al any que ve si Deu Jio vol, y vánse á cenar los músicos, dispuestos á poner á prueba su proverbial apetito. E. SOTUER D E LAS CASAS Llfyf- iU éhtMe- f C U E N T O D E A C T U A L I D A D POB GASCÓN -En la batalla de los Castillejos me acometieron tres moros: al primero lo mate con la bayoneta; al segundo de un culatazo; al tercero al tercero no se si lo maté j o, porque le disparó también el sargento Pérez. -Bueno, tío Macario, apúntese usté dos muertos y medio.