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Á OCHO DÍAS VISTA NAPOLEONES La cuestión de Melilla ha hecho germinar en muchos cerebros planes de campaña vastísimos é ideas tácticas de primer orden. Si el Ministro de la Guerra, en vez de consultar con Juntas técnicas y comisiones militares, se diese una vuelta por los cafés y examinase las inspiradas E N CÜÁETOS- -Se dice Guariax. ¡Guariach! Guariax! Y por si acaba en che ó acaba en equis, al fin acaba en bronca. Todos aquellos planes estupendos y mara, villosos que se le ofrecían á Richelieu para la toma de la Rochela, todos aquellos inventos geniales que llegaban á manos de Gambetta y de Julio Favre para levantar el sitio de París, son tortas y pan pintado junto á los proyectos militares que se lanzan en los rayas que trazan muchos caballeros sobre el mármol, es seguro que el fuerte de Sidi- Gruariax estaría ya construido y acabaría en punta, para mayor gloria de nuestra nación. Mas. ahora los ministros ya no se fijan en má. rmoles ni en bronces. -Fíjense ustedes, dice el táctico, chupando la punta del lapicero y trazando las primeras rayas: figúrense ustedes que ésta es la plaza de Melilla. ¿La plaza de toros? -No, señor, la plaza fuerte. ¡Áh, vamos 1 Como la pinta usted tan redonda! Bueno; aquí está el barrio del Polígono. -Con permiso de usted; eso no es polígono, es una patata. -No me interrumpa usted; si salimos de aquí y queremos ir al barrio, ¿qué haremos? -Tomar el tranvía en la Cibeles. ¡Vaya una salida! Seguimos hablando del barrio del Polígono. -Pero comprenda usted que no se trata de ir á ese barrio, sino al fuerte de Sldi- Gruariach. corrillos para construir el fuerte con palomares y todo. -Hay que llevar allí todo nuestro material de guerra. -Ya esiá el Maüser, ya llevan nuestra mejor artillería, ya han enviado los focos eléctricos. -Pero, ¿Y los pontones? ¿qué hacen los pontoneros en Zaragoza? -Y en Melilla, ¿qué habían de hacer? -Tender un puente de barcas sobré el Esti; echo de Gibraltar, para el mejor transporte de materiales. -Hombre, ¡por Dios! aunque le llaman Estrecho, no es tan estrecho como parece. La intención de cuantos hablan de estas cosas no puede ser más sana ni más loable.