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719 Ahora caigo en que los moros no necesitan de tales medios indirectos, porque, con pretexto de recados y comisiones, á todas horas están en la plaza viendo las fortificaciones, presenciando los desembarcos y enterándose de los refuerzos; pero ¡qué diantrel para eso llevan bandera blanca. Si los periodistas entrasen en Melilla con el pañuelo del bolsillo atado al bastón, y no con su tarjeta de corresponsales, otro gallo les cantaría. Pero ser periodistas y entrar como tales Eso es ir derechos á cubrir las bajas del batallón disciplinario. Hasta ahora, el Conde de Venadito es el verdadero conde. Cuando este verano le contemplábamos tan amadamado y tan coquetón en la playa de San Sebastián, le teníamos por el gomoso más gomoso de nuestra marina. Hasta el nombre de Venadito parecía darle cierto carácter tímido, blando y asustadizo. Mas ha sabido rehabilitarse cumplidamente. Sus cañones han sido los primeros ecos de la venganza nacional, y sus granadas los primeros proyectiles lanzados al moro después de la jornada gloriosamente triste del día 2. ¿Eclipsará el Conde de Venadito en esta segunda guerra de África los laureles alcanzados en la primera por el conde de Lucena? Bueno es que se entable esta emulación entre los condes. Bueno tarobién que Europa entera nos vea pelear en África con tüulos de sobra. y bueno que el bizarro Díaz Moreu fije este mote en el escudo nobiliario del Venadito: El conde que pega, es el verdadero conde. Aquí yace Lentejica. Murió de un obsequio, decía el epitafio del torero famoso. Y el mismo habrá que poner en la tuinba de los marinos rusos que tengan la desgracia (si alguno la tiene) de dejar sus huesos en París. La república se vuelve loca con la nación su aliada, y en poco ha estado que el pueblo francés, para demostrar prácticamente hasta dónde llega su fuerza, no ha cogido en Tolón á la escuadra amiga y la ha llevado en hombros por todo Francia. Esa sí que hubiera sido una entrada magnífica en París. Banquetes opíparos, conciertos monstruos, ovaciones continuadas y ensordecedoras, fiestas militares, todo lo que pueden inventar la locura y el entusiasmo juntos, ha caído sobre los pobres marinos, á quienes su gobierno debe condecorar como si hubiesen estado en campaña. -Malo es no contar con la huéspeda, dirá algún ruso, pero es mucho peor no haber contado con el anfitrión. En el banquete del Municipio ha habido caviarh ruso, ensalada rusa, vino ruso. -Para este viaje, dicen que afirmaba uno de la escuadra, no necesitábamos alforjas. Y cuidado que de la visita debe guardar Francia eterno recuerdo. En los primeros días de la estancia de los rusos en París, murieron Mac- Mahon y Gounod. No hacen más si entran con el sable desenvainado. LUIS (DIBUJOS DB CILLA) ROYO VILLANOVA