Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Á OCHO DÍAS VISTA Lo que sernos -España caballeresca. -El v e r d a d e r o enemigro. -Los correeponeales en Los m o r o s en ídem -El señor conde de Venadito. No s a b í a m o s á. quién t e n í a m o s en casa. -El conde que pega e s el v e r d a d e r o conde. Los ruaos en París. -Primeros efectos de su estancia. Somos una nación noble, generosa, condescendiente y perfectamente educada. Bien sabe Dios que en el asunto de Melilla no daremos una voz más alta que otra sin reunir antes á las potencias europeas y decirlas con todo el cariño del mundo: -Ustedes perdonarán si les molestamos estos días haciendo ruido, pero tenemos al bañiles en casa; vamos á hacer obra allá en un rinconcito. ¿La obra de. romanos, quizá? -No, señores, mucho menos: únicamente un fuertecito en los alrededores de Melilla. ¡Ahora sí que sale fuerte! dirán las potencias, asombrándose de nuestros cumplimientos exagerados. Mas aparte de nuestra exquisita diplomacia, ¿dónde hay proceder más elevado, caballeresco y conmovedor que el que empleamos con las kabilas del Riff, á las cuales presentamos un carrillo después de limpiamos el otro, que todavía sangra? Esto mandaba Jesucristo; esto debe hacer todo pueblo que se llama cristiano, y mucho más cuando se trata de morazos y herejotes á quienes es preciso convertir y desarmar con nuestras virtudes. Que el enemigo se atrinchera en nuestro propio campo, que vertió mucha sangre española, que todavía guarda prisioneros á tres ó cuatro infelices de nuestros compatriotas ¿y qué? Son fueros de la barbarie, y hay que respetarlos. Demasiado saben las autoridades de Melilla y el gobierno español dónde está el enemigo, el verdadero enemigo. Los periodistas son aislados, mirados de reojo y declarados reos de lesa patria. -Ya que los moros no nos traen aves de corral, dirán por allí, ¡duro con la gente de pluma! La interdicción del dato y de la noticia, esa moderna interdicción del agua y del fuego, obliga á muchos corresponsales á volver con todo su entusiasmo pasado por agua y todas sus ganas de trabajar reservadas para mejor ocasión. Una noticia falsa podría sublevar al país. Una noticia verdadera podría poner en autos á los moros. Lo mejor es, por consiguiente, que los corresponsales se callen por la buena. El lápiz rojo de la autoridad (y gracias que no sea la bala roja) hace mangas y capirotes de los telegramas, de las cartas y de todo escrito remitido á la Península. El secreto de la guerra; tal es la suprema ratio. Apoyándose en ella, por poco despampanan al corresponsal de BLANCO Y N B GEO, que estaba tomando apuntes para nuestras páginas. No te metas en dibuni en saber vidas ajecomo dijo el poeta, á quien, por lo visto, también le mutilaban los telegramas. Y la verdad es que resulta inusitado el atrevimiento de retratar los lienzos de muralla, como el de pregonar á los cuatro vientos lo que allí se guisa, se trama y se concierta. ¿Para qué está el enemigo sino para aprovecharse de nuestras indiscrecciones?