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EL SOLDADO ESPAÑOL Y EL FUSIL fi Un puñado de soldados españoles pertenecientes al re miento infantería de Saboya, número 6, descendiente c viejo tercio El Terror y al brillante batallón de cazadores Puerto Rico, número 19, han salido para el campo de Melilla armados con el novísimo Maiiser, de 7,65 milímetros de calibre. He aquí el clou de todas las fases que basta ah ra ofrece la parsimoniosa y codiciada pelea. Armados los salvajes y fieros rífenos con el veterano Remington, fusil reglamentario de nuestra infantería valerosa, ese grupo de tiradores Maüser habrá de destacarse entre el núcleo de moros y paladines. La nación aguarda ansiosa y confiada los efectos en carne marroquí de ese fusil, modelo de armas portátiles. De la bravura y del sufrimiento de sus tiradores para nada se preocupa. Acaso un hermoso presentimiento hace á España confiar en sus inmortales peones. Y en el fondo no le faltan razones para su noble esperanza. Incipiente y altivo, el peón castellano, con su pesado arcabuz y sus elementos cojos é inseguros, pregona el ardor de la raza lo mismo en las famosas mangas de Pavía que en las duras jornadas de Mülbherg, que en los aprietos de Amberes, que en las caldeadas refriegas de Túnez. Muere cañoneado como un baluarte en Rocroy, y renace en el Rosellón y en Bailen; sella su brío en Luchana, y reverdece los viejos laureles en Castillejos y en Tetuán. Y en la manigua cubana como en los breñales de Cataluña, en los bosques de Joló de igual modo que en las nevadas crestas de Navarra, prueba que hoy son su empuje, su resistencia y sobriedad tan recias y tan consoladoras como en los días en que hasta constante homenaje al blasón de Carlos I y de Felipe I I Ved ahí ese cazador, ágil como un tirolés, sufrido como un turco, sobrio como el árabe, resistente como el alemán. Un capotillo le cubre el cuerpo, el clásico ros corona su cabeza, la sonrisa asoma en los labios, la satisfacción brota por los ojos Es su alma española, que despierta al eco del clarín; la sangre de su raza, que le impulsa y avasalla; los manes de sus mayores, que surgen de las páginas olvidadas recordándole cuál es su deber, á cuánto le obliga el pasado, de qué modo le ciñe y fuerza el porvenir de la nación. SVíKi