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9 tl feliz matanza suspende un poco á los árabes. Maturana coge á su soldado herido, amarra por el cuello, de paso, á un moro que se hallaba desmontado, y con el uno á la grupa y el otro á la zaga, y casi arrastrando, se une á su es- colta j regresa victorioso al campamento. ¡Vista á la derecha! grita el coronel de uno de nuestros regimientos al ver el desfile de aquel convoy valioso y de aquellos bravos soldados. ¡Muchachos, esos que pasan por ahí son unos valientes 1 ¡imitad siempre su ejemplo! En la orden general se enalteció justamente la proeza de los dieciséis valientes. Los soldados fueron recompensados por O Donnell; y Maturana, enjuicio contradictorio, ganó esa cruz envidiada por todo militar, la que simboliza el heroísmo: la laureada de San Femando. Hoy, el marqués de Medina, aquel bravo jefe del 31 de Enero, es un veterano cargado de años y de virtudes. Su venerable figura recuerda siempre la del buen zamorano Arias Gonzalo, y al verle tan modesto y tan caballero, parece como que se hizo para él el épico y gallardo lema de nuestro viejo Romancero: Por su ley y por su Eey y su tierra, está obligado á morir cualquiera bueno, y mejor si es Mjodalgo. Josií IBÁÑEZ MAEÍN (DIBUJOS DE BANDA)