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UNA CRUZ LAUREADA (EPISODIO HISTÓRICO) i, Buen rato hacía ya que el fuego se había generalizado en toda la línea. Nuestros infantes, tendidos en guerrilla, procuraban dar caza al reguero de marroquíes que se extendía por las riberas de Guad- el- Jelú hasta las faldas del otero donde gallarda se levantaba la torre de Jelelí. Nubes de pólvora formaban atmósfera de variada intensidad sobre aquel hormigueo de hombres. La risueña vega de Tetuán era el marco más apropiado para la bizarra escena. Huertos parecidos á cármenes granadinos, escalonados, con casitas blancas, sobre cuyas terrazas adivinaba el deseo la esbelta figura de alguna mora con ojazos negros; las frondas del río al pie; la línea azul del mar á la espalda; y allá, al frente, la ciudad santa del enemigo, la Te- Talisien adorada, sobre cuyos minaretes cantaban los muezines y alentaban á los hijos de Mahoma para que corriesen denodados á la cruentísima pelea. El cuartel general, á caballo desde bien temprano, observaba el desarrollo del combate y comentaba con frase serena y enérgica las peripecias de la jornada. O Donnell, impasible, con sus grandes gemelos de campaña en los ojos, seguía atento el curso de la, lucha; su semblante nada decía; su actitud grave y reposada parecía anuncio de seguros y nuevos triunfos. Solamente, al ver de qué modo daban celada á unos cuantos caballeros moriscos desga: rrados del grueso de su caballería una sección de cazadores oculta en una hondonadilla, dejó el general en jefe asomar á sus labios una sonrisa de gozo y de confianza... f,